h1

Septiembre 19, 2009

Hoy no ha sido el mejor día de mi vida. Tampoco puedo decir que haya sido el peor.

Tampoco ha sido solo ‘otro más’.

Frustración, incompresión, rabia, calma, desorientamiento, gatita  que se lame las heridas, gatita que panicks cada now and then, y mira fijo en ojos ajenos con el cuerpo hecho un trapo. Un trapo apelmazado, viejo y tieso, sucio. Y mira y siente que la lengua se le seca y el corazón bombea más fuerte y cierra los ojos e intenta controlar la mierda del condicionamiento clásico que la domina.

Pero los ojos ajenos no comprenden y atacan. O no atacan, solo dicen palabras que para ellos no tienen mayor importancia, mientras que para mí son astillas, son hojas afiladas, que se van clavando más y más y no me dejan respirar.

Y aunque me siento ridícula cuando digo algo y luego no lo hago, y dejo que los segundos queden suspendidos en el tiempo mientras riprendo el mio posto con una mueca interna de desconcierto y de certeza simúltaneas, sé que en el fondo todo responde a algo que, si bien de manera consciente se me escapa, en algún rincón de mí está claro o esperando ser aclarado.

Y miro ojos ajenos y conozco nuevos ojos ajenos que no llego a conocer. Y me sumerjo en palabras que pierden consistencia nada más pronunciarlas, y al perder el único poder que creía seguro, una de esas pocas certezas que parecen que mueven el mundo y me ayudan a navegar por él. Me siento perdida, me siento tan desorientada que necesito sentarme movida por un resorte mucho más profunod y menos accesible que ese engranaje de certezas bien engrasado que, sorprendentemente, no es tan firme como yo creía en un principio.

Por eso me siento, y me tumbo, y los ojos recorren línea tras línea, Babel, babel, babel. Y de repente siento español en un oído, chino en el otro, inglés que sale de mi boca, y perdida como estoy intento centrarme y continúar resbalanzo línea tras línea.

No es difícil. No necesito siquiera intentando. Años de práctica de mirar sin ver, de leer sin sentir, me amparan. me ayudan. Incluso cuando siento ojos ajenos que siguen los míos, que siguen las líneas, no me inmuto. Es más, acelero en una carrera rabiosa y premurosa que se precipita en el momente en el que los márgenes delimitan con espinas el terreno, o en el instante en el que los ojos ajenos recobran su lugar definido delante de la pantalla.

¿Acaso me obsesiono con menudeces, con misterios nimios, como un medio more or less fiable de no pensar, de sumergirme en un vacío, speechless y cálido, de sin sentido y silencio?

O lo hago porque no lo puedo evitar, porque en el fondo creo que todo se conjuga y se define según los mismos parámetros, que Toni Morrison tiene razón cuando pronuncia esa frase, cuando la escribe, esa que parpadea en mi memoria y que no me atrevo a escribir aquí porque, por mucho que me deje transportar por las ganas de expresar la frustración y la desazón interna, no dejo de sentir ciertos reparos hacia un medio tan poco fiable como es la red,

Por eso me guardo mis verdades y dejo que las palabras se cubran de chales ambiguos que son bastante claros para quien se ha amparado bajo ellos. Pecato que no estén en grado de leerlo.

No tengo mucho más que añadir, la verdad. Life goes on smoothly… or so I thought. Ahora mismo todo me parece más messy que nunca, caótico. Sigo clavando los dedos en el teclado como una manera de deshacerme de la oscuridad, de la oscuridad, de la sensación de volubilidad de todo lo que me rodea. De saber que una mañana abriré los ojos y ya no estaré aquí, de saber que ellos los saben y todos los ojos ajenos resbalan sobre mí como los míos sobre las líneas una vez entran en conocieminto de un hecho tan simple como hiriente como estúpido.

Porque sí, proque me joroba, de la misma manera que me molesta no entender ciertas cosas. De la misma manera que el desconcierto insiste en hacerse un hueco en mi cama vacía, de la misma manera en la que cierro los ojos cada nocho sin saciar, siempre hambrienta de una verdad esquiva, que no se deja ver, solo intuir,

Y sigo especulando sin llegar a ninguna parte. Sigo mirando y solo veo palabras que me golpean, y entonces me cubro y lloro bajo mi chal pena pasadas, paralizada de miedo y volviendo a mi piel de serpiente recién estrenada, primera muda, una cría que no sabe porqué, no sabe donde, no sabe quién, no sabe nada, una cría que una mañana miraba otros ojos beber ese vaso de zumo mientras un nudo atenazaba su estómago.

¿Y ahora qué? Vuelve a mí, nunca se va, nunca se irá. La misma mierda que se asienta en la boca del estómago y me hace sentir menos de nada, que me hace dudar de la más simple de las certezas, una tan simple que a veces te preguntas qué para que sirve la viag. Pero en el fondo nada es simple, todo es jodidamente complejo y las verdades esquivas me siguen hiriendo como dagas, y de nuevo me siento una cría que para colmo no puede seguir indagando porque necesita cerrar los ojos cada vez que el agua la golpea como arena en la cara y en el cuello desnudo. Al fin y al cabo hace calor aquí, en California. Los días son secos y yo aspiro a vocanadas el aire caliente, desértico, y lo trago y lo siento mientras espero a mediodía con los pies sobre el asfalto hirviendo, e intento poner en orden pensamientos que se colocan en fila, uno tras otro, esperando su turno.

Y parece que lo voy a conseguir, parece que es solo cuestión de tiempo, pero de nuevo las palabras y de nuevo mi cuerpo encogido y el pánico en mis ojos que se nublan y el dolor que se enclava muy adentro y me deja inmóvil, paralizada, inerme, con una sensación agria, amarga, en el esófago, una sensación que se precipita hasta dejarme calcinada, si no fuera por las lágrimas que vienen y apagan el fuego, porque caen, una a una, hacia mi interior.

Y en momentos como ese siento que no hay ningún lugar, ni uno solo, del que poder asirme En momentos como ese estoy sola y me apalean, y da igual lo que haga, lo que diga, es solo una marea de palabras que salen de mi boca en un afán inútil de plantar cara a ese absurdo enemigo.

Y entonces, ya en cama, ya con algo sólido bajo mi espalda, en ese silencio nada incómodo pero incompleto, incompleto por las palabras que no se entienden y sobre todo por mi sed de respuestas, que me hace exigir cuando tal vez solo debería de esperar. En ese momento, ya con esa almohada y ese libro en el regazo, abro la boca y me disculpo.

Me disculpo, porque eso es lo que he aprendido, a decir lo siento. A asumir culpas, a disculparme por reaccionar así, por soltar palabras sin sentido, por ser emotiva, emotional, por ser una mujer en el sentido más peyorativo de la palabra, en ese ‘histérica’ que pende sobre mi frente incluso cuando me doy la vuelta. y lo digo y lo repito y a modo de explicación arguyo que ‘it reminded me of somthing’ o a alguien, y los ojos ajenos contestan que comprenden, aunque no comprendan un cazzo. O tal vez sí.

Tal vez la explicación para esas certezas capovolte y aparentemente purposeless sea que antes de obeceder a reglas que parecen no serlo, es mejor informarse y saber porque camino nos vamos a meter, que sendero transitaremos, y calcular el numero de espinos que vamos encontrando.

Es una pena que lo que hay al principio muchas veces se perpetúa como una constante al final del sendero, ese que parece que no tendrá fin, pero que lo tiene, y muy bien definido, btw.

No tengo nada má que decir, intentaré dormir unas horitas y ponerme manos a la obra mañana  a la mañana. Gimnasio, estudio, comer, estudio, socializar, e incomprender. Incomprender, Ese es el verbo del día. El que buscaba.

Voy a lamerme las heridas.

tal vez la respuesta sea simplísima, tan simple que duela por simple… pero de momento me niego a creerlo. De momento me siento, y espero

Espero con algo sólido bajo el trasero, resguardandmoe de las palabras y de la caída.
Como una gata: una gatita.

Una cría.

h1

Septiembre 14, 2009

Todo es un remolino y yo estoy dentro, y yo me precipito con las ondas, más, más adentro, hundiéndome en esa marejada, con esa fuerza que me seduce y me succiona y no me da la posibilidad de elegir.

Y me encuentro sientiendo con una agudeza extraña, y con una tranquilidad que me deja pasmada, y continúo avanzando hacia ese centro respirando entrecortadamente y mirando al cielo.

El cielo es bello. Es azul. Es bonito. Es acogedor, es fresco, es cariñoso, me lame la cara y el pelo, me tranquiliza y me rissacura en momentos como estos, me permite seguir a flote, presente, mientras el agua viene y sacude la parte inferior de mi cuerpo, y yo me dejo arrastrar porque sé que poco puedo hacer, solo conservar la cabeza caliente y el cuerpo frío, solo intentar seguir a flote, solo racionalizar lo que pasa por debajo del nivel del agua, saboreando, de cuando en cuando, la superficie cristalina y salada, para volver a mirar hacia arriba en un intento bastante fútil de conservar la cordura.

Y eso me gusta. Incluso me gusta el hecho de que las cosas no sean lo que parezcan, de que mis metaforas sean más retorcidas ahora que son más simples, y de que mis palabras den pié a  equívocos. Porque ahora soy yo, yo, yo, yo. Y poquito a poco lo voy asimilando y lo voy aceptando, y a pesar de que cuesta lo suyo, empiezo a sentir desentumecerse los pies y empiezo a bracear con más fuerza. Cada vez que me hundo, me cuesta menos salir, porque el cielo lo tengo siempre presente, y es cuestión de un impulso feroz y rápido, de un empujón interno, que sirve para propulsarme fuera del remolino que compone cada día, que compone la telaraña de las rutinas entendidas en el buen sentido de la palabra. Y en el malo.

Porque las rutinas afectan porque son cercanas, de la misma manera que las personas, lo queramos o no, lo hacen. Pero ahora las personas tienen una cercanía y una distancia que no habían tenido nunca antes para mí Poruqe las puedo tocar, porque puedo hablarles, porque puedo sonreir con los coloretes sonrosados mirando hacia todas esas caras que responden con sonrisas o mohines o sacudidas sombrías y húmedas e inquitantes.
Y de nuevo me puede la perspectiva, la distancia en la cercanía.  Y yo toco y soy affectionate y me acerco y me alejo de nuevo: y miro a la pared y mis manos discurren por el teclado y los labios se retuercen en sonrisas que no saben donde irán a parar. Y entonces me despreocupo.  Y una especie de paz sobreviene la angustia, la inquietud. Y la paz se impone como lo hacía la guerra hace no tanto tiempo. Y puedo ver a través de la liquidez de mis ojos y lo que veo me gusta porque no le puedo poner nombre. Aún. Y cuando ya n o sea aún será demasiado tarde para ponerle un nombre, porque los nombres se van superponiendo a los conceptos, y al final son otros los que los asignan, distribuyéndolos como piruletas, y no nosotros.

Y no me disgusta. No quiero pedir, ni exigir, ni imaginar. Pero sobre todo, no quiero esperar. Lo que sea será. Hoy, mañana, o nunca jamás. Y eso suena mejor que muchas de las melodías que he escuchado hasta ahora. Pecato que a veces duela aceptar verdades para seguir adelante, o duela aceptar que no hay verdades, que los absolutos existen solo hasta cierto punto, y que a veces denominar con absolutos conceptos relativos resta perspectiva, y puede llegar a cegar.

El sol del Pacífico es agradable, como lo es el día, como lo es la noche, como lo son todas y cada una de la spersonas que se cruzan en mi camino.

Pero lo que más extraño se me hace, lo que más me sorprende, e intento tomármelo con filosofía, son esos sentimientos tan contradictorios que crecen y florecen dentro de mí. Algunos, por desgracia, o por fortuna, solo germinan en terrenos áridos y secos y, cuando por fin lo hacen, solo dan plantas llenas de espinas, y frutos igualmente amargos. Los frutos todavía no los he visto, porque parte del trato era no esperarlos. Y a los frutales hay que tratarlos con cariño in order to get some fruit out of them. Porque si los maltratas, ni el terreno más fértil les hará dar un simple, mísero fruto. Y ahora la amargura se derrama sobre el teclado irónica, y lo digo porque aquí el terreno solo es fértil hasta cierto punto.

Me gusta, me encanta, rebozarme en el lodo de las palabras intentando darle un sentido al caos. Al menos ahora ya no busco la coherencia de antes: Y como he dicho, he tenido que dar un giro radical en cuanto a mi actitud ante las expectativas (entre otras cosas), para comprender que los hechos aislados existen y tienen un sentido dentre del todo. Y que esperar que todos los acontecimientos se conjuguen en una esfera perfecta es, al menos desde mi punto de vista, una empresa ‘harto yerma’. O discouraging, por lo menos.

No tengo mucho más que decir. Sentir los espinos dentro está haciendo que me sangre la laringe. Es casi como comer comida china. Agridulce.

Siento y vuelvo a sentir esos sentimientos encontrados que nunca antes me había parado a analizar. Porque los negaba, o directamente estaba tan ocupada en observar otros, que no les prestaba la atención debida.

Ahora sé que puedo ser mean, que puedo sentir resentimientos, gelosia o frustración sin tener que disculparme por ello. porque es humano, y solo cuando los admito de manera consciente impido o prevengo que esos sentimientos se coman mis horas y me devoren viva. Consigo seguir mirando al cielo y respirando oxígeno, y disfrutar del sol y de la sal en su justa medida.

Y eso me gusta. Eso me encanta.

h1

Agosto 17, 2009

He vuelto a empezar. Y ahora supongo que lo tendré que dejar así, inacabado. Lo tendré que dejar poque en cuatro horitas tengo que pisar con los pies en el parque, la suela renegrida sobre el parque limpio, sobre la alfombra de calores, e ir trazando los pasos que me separan del baño, de la cocina. Vestirme con ganas y despedirme de mi casa.

Otra vez.

Esta vez me voy muy lejos. Otro continente no es cosa de guasa. No estoy nerviosa, ni ansiosa, solo una especie de calma, algo así como la certeza de que, sea donde sea, los elementos en común son los suficientes como para no quedarme coja. Y creo que eso me basta.

Sí. Me basta. Por primera vez puedo decir que, a pesar de esa certeza interna (¿ Acaso no lo son todas las certezas?) de que todo tiene una capa más bien consistente de similaritud, tengo, y siento, verdadera curiosidad por lo que me espera. Y  no solo curiosidad, la curiosadad es amiga del derroche de energía, y yo creo que en estos momentos, después del reposo (no diré merecido, porque hay quien ha trabajado más duro y durante más tiempo que yo, pero sí deseado) me siento en plena forma. Es una forma paciente, tranquila, como una pradera de una película, un pradera que tintiena en la pantalla con tranquilidad, que a traves de todos y cada uno de los pixeles del ordenador te transimite una sensación de irrealidad, de calma  y de concreteza, que raya el delirio.

Así me sietno yo ahora. En el borde. Otra vez. Pero está vez no desganada, no arisca, no falta de estímulo. Esta vez me siento lo suficientemente preparada como para derrochar energía escribiendo este mail, y para reconocer que tal vez mis bienqueridos progenitores llevaban raón cuando me decían que, cada cosa a su tiempo, hijita, cada cosa a su tiempo. In due time.

No he apreciado muchas de las oportunidades que se ma han dado, y ahora me siento dispuesta a compensar la balanza y hacerlo. Una deuda? Tal vez. Pero más que una deuda, más que algo impulsado como un cañonazo, desde lo negativo de la balanza, desde la tensión de la catapulta a punto de disparar, baja, es este un tiro que surge de un momento álgido, de algo que se eleva, que observa ya desde arriba, como un globo, que me permite observar  y me permite avanzar sin trastabillar, aunque, eso bien lo sé yo, habrá ráfagas de viento que me hagan perder el rumbo momentaneamente, pero no la visión del camino a trazar por la inmensidad de la atmosfera vacía.

Un beso a todos, como siempre. Mañana mi vida habra´dado un vuelco considerable, pero no definitivo. Otro más. Y esta vez sí lo voy a paladear. Mucho. Porque me ha llevado cinco años aprender a hacerlo. Cinco años y muchos más de entrenamiento previo para aprender a apreciar las cosas menudas sin desestimar las propuestas y oportunidades que aspiran, como los globos, a lo alto.

Antes el globo que tenía era bonito. No, era hermoso. Pero le faltaba la llama que lo impulsase, le faltaba la paciencia de alguien que lo gobernase. Me temo, globito, que ese momento ha llegado.

Preparate para subir, despacio, nada de catapultas  y tiros desenfrendados, porque el tictac del reloj ya nos precipita (pian piano), y cada segundo más, es uno menos hacia la inmensidad del aire, y de la vida.

PS: obviar la pomposidad de la última palabra. A Jordim le digo que aquí no va a encontrar mucho textos duro, de ese que le gusta a él, que se muerde con diente postizos porque los de verdad habría que reponerlos a cada bocado. Eso, dando por sentado que los postizos no son de verdad, claro.

Un saludo interactivo, otro segundo. Otro más. Me temo que a llegado la hora de desconectar.

Y empezar a ascender.

Por fin, que alivio… que paz.

h1

lost?

Julio 11, 2009

There comes a point in life when there is no right or wrong anymore. No mistakes, no absolute decisions, just the sound of your steps drowing the sound of your own voice, soundless.

There comes a point in life when the ambivalence of words becomes clear. When a turning point is drawn when -who knows- maybe a straight line would have sufficied. When we are not yet ready to aknowledge the fact that maybe this would prove to be a worse path. Not a wrong one, just not as good as the one I now leave behind.

But I keep looking straight ahead of me, on this turning point. I keep hoping Im doing the right thing. Even kowning that no such a thing exist. Right. Thing. I’m waitingt here, alone. Somewhat even lonely. Just a bit. I pace up and down till my legs hurt from striving to understand something I guess I will not understand in a long time. I sit down and I dont look back. I dont want to be Lot’s wife, I dont want to be a salt statue in the middle of a present without a future form.

You know I l. you. And, even if Im not able to give a coherent explanation to my own behaviour, I hope that time will give me the tools, the skills, to put in simpler words what I struggle to express here.

You’ll always be there. Only not that close.

Alone.

Again.

PS: what a good thing to worry about this nonsense when real problems havent yet took their rightful ¿? place on both our lives.

take care, will u?

Yes, I know u will take care of yourself. :)

h1

a veces

Febrero 25, 2009

A veces, y solo a veces, envidio a las personas que pueden levantarse cada mañana mirando al día, no como un reto en el cual es preciso llenar cada hora, cada minuto, para no sucumbir a la desesperación de una depresión y una sensibilidad que siempre parecen amenazar y hurdir su mañosas y despiedadas tretas entre visillos, y pueden caminar y reir y hablar sin darse cuenta de lo grandes que son haciéndolo.
Como los envidio.

A veces, solo a veces….