Archivos de la categoría ‘Pendejadas’

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Humor

Septiembre 25, 2007

Deberías de tomarte las cosas con humor. Si no le encuentras el chiste a la vida, ¿De que te sirve estar aquí?

Eso es mentira, el mundo duele, es como una espina, y no seré yo quien pretenda que la risa es un antídoto válido, porque es amarga, como la mentira…

Querido, te crees acaso muy listo? Si lo fueras no caerías en creer algo tan tonto. Porque es totno creer que la vida es sufrimiento… Y que los genios utilizaron el humor para encubrir su dolor. ¿Y si solo tenían ganas de echar una cana al aire?

Mientes.

Y tú, querido. Como siempre.

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Patanes

Septiembre 24, 2007

Reflexionando, he llegado a la conclusión de que no hay cosa más tópica, más trillada y más triste que todas esas personas que pretenden ser parias, ajenos, seres marginales de la sociedad. No hablo de autistas, por favor, que no me malinterprete nadie, hablo de algo peor, hablo de ego camuflado.

Son personas que proclaman que la humanidad es una masa, una masa sin forma definida y que se deja llevar por premisas impuestas socialmente. Y ellos, que hacen ellos, ¿Eh?

Ellos proclaman que en sus manos está la verdad. La verdad es muy triste, la verdad es sufrimiento, es desencanto. Luego oyen a los psiquiatras argüir que el depresivo cree que posee el bien más preciado: el conocimiento, el saber que el mundo es un lugar yermo y que no hay lugar donde descansar, donde reposar.

Me explico. Son personas inteligentes, pero patanes. Son patanes porque dicen que no pertenecen a nadie, que la soledad es su patria, y su alma es la sola arma que guía sus normas, sus pasos, sus pupilas dilatadas al anochecer, cuando escrutan en busca de alimento, de podredumbre… con el que alimentar sus mentiras.

No niego la lucidez, solo digo que es contradictorio ampararse en un grupo de marginados, es como si todos quisieran ser especiales y diferentes, y formaran la unión de lo diferente. ¿Es esto imposible? ¿Puede haber consenso? Claro que puede, pero no lo habrá, no lo habrá porque si cada código de conducta es intrasferible y único, relativo e irreductible a una persona en particular, no hay manera de llegar a un acuerdo tácito sobre lo que es correcto o no… sobre lo que es sabio o apropiado… que por supuesto nunca se corresponderá con lo que la sociedad dicta. Para algo son renegados, ¿Sabeis?

Estas personas creen que pueden vivir así… pero no pueden. Se fragmententan, se lisian a sí mismas, rara vez encuentran un trozo de paz, y la intensidad que ganan también los va matando a grandes zancadas… no me confundais, no soy partidaria de una vida burguesa de apetitos moderados y medidas controladas. Pero tampoco creo que para llegar a comprender lo que es el mundo haya que haberse metido una raya de coca e intentado suicidarse, al menos de pensamiento.

Solo aquel que lo ha vivido todo puede ser poeta… para llegar con sus palabras al resto. Al resto de que, de su exclusivo grupo? ¿De sus compañeros, de aquellos que predican que la mayor sabiduría es la ignorancia, y que la felicidad es un fantasma que ronda a aquellos que no tienen consciencia?

Vuestros argumentos son fuertes, y yo no me resistiré a ellos si los exponeis, no solo con elocuencia, sino con actos y coherencia. Aunque está claro que una teoría puede ser coherente y concreta y, sin embargo, no cierta.

¿Peor qué es verdad y qué es mentira?

¿Existe el superhombre?

¿Exise el Dios?

¿Existe, más abajo, aquel que simplemente observa, aprecia, comprende y camina, y deja de juzgar a los demás por no pensar como él, por hacerle sentir alienado, fuera de lugar?

Sí, existe este último, y yo seré él.

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BUenas

Septiembre 9, 2007

Paramos el coche en la cuneta. Yo lloraba como una condenada y mis padres estaban intentando razonar conmigo. En ocasiones no me queda otra, lloro igual que vomito palabras, igual que paro: deshaciéndome de todos los resuiduos acumulados durante mucho tiempo, muy adentro.

He estado dando unas vueltas por la red, viendo blogs de todo tipo, y me dio miedo acabar describiendo mi día a día como un diario monótono y monocorde: que ilusión, hoy me levanté y mami me preparó un pastel- bromeo- o simplemente una especie de pseudoliteratura apestosa que espantará a todo el que la lea. Pero, por encima de todo, creo que tenía miedo a ser especialmente consciente del lector. A ver como lo explico, aunque no creo que sea necesario, confío en que me entendáis más o menos bien. La cuestión es la siguiente: olvidarse de escribir y convertir el hecho de plasmar palabras en un tributo a la capacidad de plasmarlas y no al de disfrutarlas o escupirlas con rabia. Eso es lo mejor, no me negueis que, a veces, cuando escribís, solo estáis escupiendo la pepita que se os atragantó esperando al bus, o caminando al colegio, o condunciendo en un atasco o recordándoos las incomodidades de este mundo. Pero no seré yo quien diga: pero que poco valoramos lo que tenemos, que cómodos todos, cualquier día se acaba… Ni modo, a mí no me va eso, yo prefiero algo bien diferente, quejarme por quejarme y dar gracias por la luz que me golpea el rostro como lija lijada…

¿Qué que es eso? Lo mismo que lo que estoy escribiendo, capricho y caos, una manera de quitarle un poco de seriedad a todo lo que he escrito antes- sin retractarme de nada, que yo sepa…- . En todo caso, echar purpurina sobre la seriedad y la elocuencia falsa, regar con colores violáceos la tinta especialmente rígida de mis palabras. Han sido meses de muchas experiencias, meses de conocer a mucha gente, y supongo que por eso me costaba sacar un poco la vena más infantil y divertida que todos llevamos dentro. No es una disculpa, mis queridos convecinos, no lo es; en realidad es un intento- fútil, quien sabe- de cambiar de rumbo por unas líneas, de dejarme llevar por unas notas perdidas una noche estrellada y olvidarme de tanta corvata y pajarita, que noto el cuello inflamado…

Me pregunto quien leerá esto. Supongo que a vosotros os pasa lo mismo, os preguntáis quien leerá lo que escribís, ¿U os limitáis a escribirlo, soltar un suspiro que sale de más allá del diafragma, cerrar la tapa del portátil o girar la silla dándole la espalda a la pantalla, y levantaros, liberados de la carga de vuestros pensamientos? En el fondo, muy en el fondo, tan hondo que a veces nos olvidamos que toca la superficie de la arena del mar más hondo, se encuentra la razón más simple y menos rocambolesca e intrincada para escribir aquí: queremos ser recordados.

Mierda, ya me estoy poniendo seria, pero supongo que me entenderéis. Habréis leído mails en estilo literario y rara vez, si no es para recibir un consejo o una crítica, tienen ningún comentario. No animan a la participación, al intercambio, o a lo mejor es que es tan íntimo que las palabras resbalan por los nervios ópticos y nos tocan tan de lleno que una respuesta, caulquiera que fuese, resultaría superflúa y estúpida. Un sinsentido, como este blog.

Bueno, he decidido dirigirme a vosotros de una manera directa, lectores. Estoy escribiendo aquí no porque necesite escribir- puedo hacerlo y no colgarlo y, en todo caso, en la etapa de soltarme y aprender en la que estoy eso es, si cabe, más recomendable que publicar, por aquello del condicionamiento que produce la opinión ajena o, lo que es peor, el miedo a la condición ajena-, estoy escribiendo aquí porque una noche me levanté a las tres de la manaña y decidí abrí un blog, no hay más, y lo hice sentada en el suelo de un hostal de paris, de una cocina vacía, junto al único enchufe disponible.

Otra cosa. Os pido perdón, soy joven, eso es así, y doy gracias por serlo en esta sociedad .Por otra parte, me da rabia pensar en todo el camino que me queda por recorrer antes de llegar a ser quien quiero ser.

Pérdida, pérdida, para que tomarse todo tan en serio, aunque mis palabras resuenen tan vacías como una lata que trajo el mar y un niño se molestó, curioso, en liberar del peso de las olas y la sal que contenía… hablo de vacío porque una vez conocía a alguien, quien o donde, durante cuanto tiempo, poco importa; el caso es que esta persona no paraba de hablar de forjar una amistad, o lo que surgiera, y resulta que cuando yo le preguntaba cómo, me contestaba, atónito: hablando. Si solo hablas de hablar, pero no hablas, si solo hablas de actuar, pero no actúas, tú credibilidad decrece exponencialmente… por eso los de los blogs literarios podemos parecer tan inconcruentes… y consecuentes. Incongruentes porque hablamos de escribir, consecuentes porque mientras hablamos de ello estamos escribiendo…

La vida está llena de contradicciones, y no creo que nadie que no se haya pasando horas paralizado mirando al vacío, intentando asimilar el pavor a la pérdida del tiempo, comprenda realmente y en toda profundidad, lo que quiero decir cuando digo esto. Esa fue una etapa de mi vida, el estar tumbada en la cama como una zombie, con los ojos hinchados de lágrimas de tanto desgastarme en mi mar particular, sobre las sábanas… con un dolor tan incrustado que luego ni las lágrimas pudieron aplacar… suelen llamarlo depresión, en mi caso ha remitido y en cuanto lo hizo me largué de viaje por Europa, aprovechando la tregua que me daba, para practicar idiomas y también encontrar un poco por donde no iban o iban los tiros de mi existencia.

Y parece que al final he acabada por hablar de mí, nada más lejos de mi intención… os juro que cada día que pasa me aterra levantarme, y al mismo tiempo me dan ganas de llorar de alegría y risa ante la sola perspectiva de conocer a alguien, de sonreír al viento, de ocultar mis pechos y mis pulmones, como si guardara un secreto secretísimo, cruzando los brazos sobre el esterón, celosa…

¿Os ha pasado alguna vez que, sin venir a cuento, os habeis perdido en vosotros mismos y sois incapaces de dar un paso más, de recordar donde estáis, de asimilar lo más sencillo? Es una sensación aterradora y maravillosa, te puedes quedar mirando a un mango de plástico, o un paraguas, y te planteas muy de golpe qué es ese objeto, qué hace ahí, quién lo inventó, cómo se colorea el plástico… por favor, no me hagáis caso, estoy conduciéndome hacia mi mayor debilidad- que no os contaré, esa la reservo para mi príncipa azul, si existe, y para mis amigos, que existen, o eso creo, no porque no confíe en su amistad sino simplemente porque me apetecía meter un inciso metafísico de por medio-. Estoy conduciéndome hacia mi mayor debilidad y debo reconducirme. Me apece hablar, me siento con ganas de hablar, para olvidar y para recordar, por eso lo hago. Continuaré, pues.

Hay frases que calan muy hondo, son frases que, sin venir a cuento, se pegan a nuestra estructura más interna, y que ni con esos suspiros diafragmáticos podemos expulsar… porque pasan a formar parte de nuestro ser.

Tonterías, voy a intentar explicarlo de otra forma. Lo que vemos, lo que escuchamos, lo que discutimos, lo que procesamos… es mucho menos de lo que creemos, al menos conscientemente. Pero si ya lo que aprehendemos inconscientemente se pega como una lapa a nuestro ser subconsciente, imaginemos aquello de lo que partícipamos conscientemente- y voluntariamente-. Es una movida, quiero decir, repetímos los miles de clichés personales sin saber que lo hacemos o, incluso sabiéndolos, nos sentimos limitados a salir de nuestra prisión, porque el conocimeinto y el mundo etc es demasiado como para abrazarlo de una vez y adaptarlo a nuestra mentecita. No sé si ésta recalentaría, pero creo que el caos reinaría sin lugar a dudas. Imaginadlo durante un momento. Imaginad una gran habitación color granate cubierta de objetos colocados sin ningún concierto, sin ton ni son, y nuestro yo recorriéndolos, tropezando, con moretones y heridas en el ego, irguiéndose, cayéndose, intentando superar el dolor que le produce tanto, tanto… Pero, ¡Esperad! Si lo sabemos todo, también tendremos la capacidad de saber como olvidar lo que sabíamos antes, de ese modo no existiría comparación y podríamos asimilarlo todo sin darnos cuenta de lo mucho que es…

Dios, me encanta divagar. Muchas gracias por escuchar- o no- Buenas noches, caballeros, no vivamos solos…

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Septiembre 7, 2007

Para mí cada día es una sesión de equilibrismos. El equilibro entre el avanzar, el recular, el observar, el recordar, el razonar, el sentir y el vivir. Cada día es una montaña y una pista de hielo resbaladiza, pero también es el sol a medio día, calentando con su calor anaranjado cada uno de mis pensamientos. Es lo que como, caliente o frío, un bocata en la playa, un chapuzón robado, es un beso sabor a mar, a río o al ácido indescriptible del sudor. Cada día procuro replanteármelo todo, salir de mi jaula particular, porque todos nos labramos la nuestra y de ahí no hay quien nos saque. Procuro escribir sin pensar, sin ornamentos, pero uno de los defectos de la juventud es que es afectada, y le afecta en especial la opinión de los demás. Un día ves a una niña en una playa, con los hombros rectos, duros, y el torso raso como una tabla. Observas sus ojos tristes, escrutas cada centímetro de su espalda torneada y morena, te preguntas cómo rayo sabes que es una mujer, bien podría pasar por un hombre, con ese bañador largo. Y, sin embargo, tú no lo has dudado, era imposible dudarlo, fíjate en como se apoya en su madre, en como se lanza contra su cuerpo, doblando ligeramente la cadera, fíjate en la manera en la que mueve los brazos, y ondea la cabellera… Es, indudablemente, un proyecto de mujer, y en ella veo un rostro delgado y triste, veo un óvalo moreno enmarcado por esos cabellos semicortos, y me recuerda a mí de niña, y yo soy ella de adulta. Lo pienso ahora, aunque entonces no caí en la cuenta de ese pensamiento, lo pienso y recuerdo esa foto mía, sobre una roca, con la mirada perdida y el pecho al aire, mis carnes curtidas por ejercicio infantil, mi cuerpo alargado, ese cuerpo que no es de niño ni tampoco de adolescente, ese cuerpo prepúber que se descoloca a cada paso, torpe, sobre la arena. Me siento tan cerca de ella, tan cerca de su cuerpo, de sus gestos, de sus ojos serios, contritos, que me dan ganas de levantarme de mi cueva e ir a hablarle. Solo observo. Observo y callo, levanto el culo arenoso y lo sacudo; mis pechos apuntan al cielo, libres, orgullosos, y camino hacia el agua sin mirar atrás, paso tras paso, enterrando en la arena el olvido y el recuerdo, avanzando hacia el agua que, con su fresco, me libera del abotargamiento que el sol y una sesión desmedida de lectura me han producido. Y mientras mis dedos se entierran en la arena fina, pienso en el escándalo que en otro tiempo supondría ir así vestida, o desnuda, casi desnuda, por la playa, un cuerpo joven y tierno, dispuesto a las miradas más descaradas y lujuriosas. Soy consciente de ello, y de mis curvas bonitas, pero me meto en el agua con prisas, y dejo que se lleve todo, todo, toda esa transición hacia una etapa adulta que no estoy segura de querer albergar en mí. Si pudiera mirar a través del círculo de aceite trazado por un dedo errante sobre el cristal de la ventana de mi cuerto, y ver así más allá del mar el futuro canoso que me espera, o el vacío insondable de la muerte… tal vez me tranquilizaría saber la perspectiva de un camino que no vislumbro con claridad, que me ofusca, como el sol dándome de lleno en los ojos a mediodía, y por eso camino a ciegas, un paso y otro, un paso y otro, hasta que el agua lo es todo, y me dejo llevar por sus olas imaginarias hasta el fondo, lejos de la niña todavía incauta, todavía ingenua, pera unirme con ella en ese mundo en el que los camioneros no te pitan ni los obreros te silvan, en ese mundo en el que tu sexualidad no es un lastre, porque no existe… que bella es el agua, y pensar que me sirvo de un símbolo de la fertilidad para exortizar eso mismo… solo a mí se me ocurre una desverguenza semejante… oculta mis pechos, mis verguenzas, me vence con su soplido helado, y me hundo en un mar de burbujas donde las figuras recortadas en el horizonte de arena se pierden en la lejanía, desdibujadas… por fin soy libre de ellas, por fin estoy de nuevo en casa.

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Pariendo

Septiembre 5, 2007

Voy a parir. Pariré sentada, con las piernas muy abiertas, todo el lodo incubado en mi interior. Vertiré a mi alrededor el desprecio, el miedo, el odio, la envidia, la gula y la pereza. Me empaparé con mi sangre, húmeda, fresca, hasta ahogarme en su propia miseria, mi miseria, esa qu está muy dentro y que ahora pugna por salir. Esta es la crónica de una podredumbre que amaina, es la crónica del calor que asola mi alma, y la tranquilidad con la que se levanta. LLénate de tu miseria, come hasta reventar, porque solo afrontando el miedo lo podrás superar. O eso creía. Ahora solo siento el sudor resbalar por la espalda, el sudor teñido de esperanza, y me abalanzo con él, tomando la ola, pensando en la gente que habla en silencio y grita en la noche palabras al cielo… quiero decirte que te quiero, que te odio, que te añoro, que las lunas y los miedos son palabras, y el amor el invento con el que teñimos de colores alegres la tristeza del vacío más atroz y duradero, quiero decirte, cielo, que brilles con más fuerza, que dejes que las estrellas no cieguen tu orgullo étereo, y tal vez mañana, cuando despierte, mojada en soles de esperanza, me encuentre con tu cara perdidad en el vapor siseande de los sueños perdidos… amo la noche, su claridad me deslumbra, y con todo esto vengo a decir que soy feliz, que estoy pariendo la desesperanza… sin drogas ni gaitas.

PD: este es uno de los peores mails-ni siquiera entrada- que he escrito, en honor a mi tacañería al publicarlo no pido perdón a nadie, me apetece colgar mierda…porque es lo que estoy expulsando.