La ayudó a mear en el Sena. Cogió la funda de la guitarra y se la puso de escudo, un una esquina del río, y luego hizo lo mismo. Comimos rico, rico, en el muelle, gente de tantos lugares que se junta por casualidad y, sin embargo, yo sabía que ese no era mi lugar, que con esa gente jamás podría hacer otra cosa que no fuera fingir, hablar con seguridad y mostrar encantos falsos porque mi podredumbre interior les aterraría. Así que cumplí lo mejor que pude con la responsabilidad social, sin por ello dejar de disfrutar del río y del anochecer y de la comida y de las risas y de los idiomas que compartíamos para entendernos lo mejor posible.. y es que al final yo estoy con los desgraciados que me desprecian, estoy con aquellos que de buenas personas tienen poco según los cánones sociales preestablecidos, estoy con él, y también con él, estoy con esos que lloran de rabia y que arriesgan su presente para hacerlo más vivificante. Estoy con ellos en pensamiento, aunque no cuerpo, pero si alma, y me da rabia que todos me digan que me merezco algo mejor. Soy una criatura aún tierna, lo sé, pero eso no merma mi capacidad de decisión, y detesto aquel que se niega la oportunidad de acariciar, besar, cuidar, aquello que ama, por considerar que le resultará una atadura y que no estará a la altura, porque su naturaleza es maléfica según, ya lo he aclarado, el estándar social preestablecido. Pero yo os amo, os lo digo siempre, os amo a pesar de que os consideréis mejores, más listos y cultos, os amo a pesar de vuestro desprecio hacia el resto de la realidad humana, os amo a pesar de vuestra afición al alcohol, de vuestros remordimientos, de todo aquello que hicisteis por curiosidad y no por verdadera malicia… os amo por atreveros a construir vuestro sistema de valores, al margen de todo, os amo por ello y os amo porque despreciais mi recato, mi afán de complacer, de ser buena persona, y os amo porque sé que solo dos personas tan distintas pueden complementarse de manera perfecta… y, sin embargo, nunca pasa nada, os vais o me voy, o el mundo se agranda, y cada cual teme apechugar con la responsabilidad de colisionar dos mundos tan divergentes como compatibles… Os amo, no a pesar de todo ello, sino precisamente por ello.
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Iros a la mierda
Julio 29, 2007Es evidente que lo hacen a propósito, maldito género humano inmundo que se perjudica mutuamente. Cierran las vallas, los baños, las estaciones, los parques… todo en un intento desproporcionado de negar la realidad de la pobreza, de la gente que no tiene donde dormir, y para la que todo es una gran montaña que les impone una sociedad hipocrita y podrida. Solo los parques pequeños, muy pequeños, sin yerba donde tumbarse, permanecen abiertos, y aunque puedo comprender que cierren Hyde Park por sus dimensiones, me parece ridículo esgrimir el mismo argumento de peligrosidad en un lugar de apenas unos metros y donde todas las salidas se alcanzan de un golpe de vista. Negemos la pobreza, seamos generosos, dejemos que la gente haga acopio de todo su ingenio para buscarse un lugar donde caerse muerto. Esta sociedad apesta, apesta de verdad, la imagen importa más que la verdad y los prejuicios impregnan cada esquina de su imperio. La oportunidad es una ficción inventada por aquellos a los que les gustan los términos bonitos, y solo los que perseveran contra viento y marea consiguen, en ocasiones, algo, porque la gran mayoría, sin recursos, sin nada, se da a la ilegalidad o a la limosna, y pasan sus días durmiendo en las calles más angostas… iros a la mierda, hipócritas, os desprecio a todos por el miedo que mostrais al querer ocultar vuestros miedos más profundos… y al final se hacen visibles con mayor claridad, y ya no podeis esconderos de ellos… porque sí, la valentía, el riesgo, la falta de oportunidad, pueden acabar en cartón mojado a la puerta del supermercado que esquivas con tus bolsas y rehuyes con la mirada para sumirte en la mierda de una vida contaminada. Evidentemente, la cobardía del ser humano es una realidad innegalbe, ¿O no?

El guitarrista bebe de su oferta
Julio 26, 2007Tensión. Tenía los músculos faciales tensos, muy tensos, alrededor de mi boca se dibujaba la sonrisa de la ilusión ajena, y yo me quedé observando la imagen que se proyectaba delante de mí con una inconsciente felicidad plena: primer plano, un hombre andrajoso, harapiento, mueve su pie al ritmo de la música. Toca la harmónica. Hay algo en su forma de entregarse a la música, en sus pies que se mueven sin control, en su cuerpo que vibra con el ritmo, que me pone la piel de gallina. Su rostro cansado, sus ojos tristes y sin rumbo, todo cobra sentido cuando sigue las notas que mi amigo le arranca a la guitarra, con una expresión placentera en el rostro, la de áquel que le da placer a un moribundo, que le otorga la única alegría que le queda en el mundo. Y yo solo observo sus figuras recortadas contra el cielo, una estampa tan bella como escalofriante, la de una vida truncada que ahora se renueva en un espejismo de acordes, y tengo ganas de reir y de llorar, tal es la vitalidad de la imagen, tal la tensión del cuerpo del hombre que, con la pretina abierta, una bolsa de hospital y los nudillos desgarrados por una pelea causada por un euro estraviado, no se preocupa de nada y olvida momentáneamente la botella que guarda en la única bolsa que tiene. Tensión, ¿Vivir de una pasión se cobra tan caro?

Cereales
Julio 24, 2007Farfulla. Me cuesta entenderlo por varias razones: una, me acabo de levantar, son las tres y media de la mañana; dos, está borracho; tres, cambia de idioma cada dos por tres- a escoger entre inglés, francés y español con acento italiano-; cuatro, está comiendo y fumando. Aún así, hago un gran esfuerzo y consigo conectar. Se frustra, las lágrimas de rabia contra una humanidad que no comprende afloran temerosas: no entienden nada, nada, pure thought, los extremos, y la gente se pierde en el medio, ajena… lo escucho y le respondo. Llega un momento en el que se pierde en su propia mente, en sus propias divagaciones, en su frustración interna contra un mundo que reniega de sus razones, de sus reflexiones. En un determinado momento no son las lágrimas las que afloran, sino el idealismo. La cocina está sucia, él está de pie y yo sentada en la encimera. Siento ganas de llorar de la emoción, de su emoción, de esa incontenible energía que él llama semilla y que nos obliga a seguir actuando en un mundo que se desbarata por momentos. Sabes?, me dice, lo que más me tranquiliza es saber que da igual lo que hagamos, dudo que contaminemos el universo, y puede que algún día alguien lo observe en su inmensidad.
Su abrazo es cálido, un abrazo que sale del alma, y en él está la ternura de un hombre para el cual el sexo es en parte una negación de la verdadera naturaleza humana, de un hombre que promete qeu mañana se acordará de nuestra conversación y que se despide con los ojos brillantes de áquel que cree haber encontrado a alguien que le entiende.
Desde la altura de mi encimera, acabo mis cereales. Creo que es hora de que me vaya a la cama, mañana me toca firmar el contrato. Y sus palabras sí reberberan en mi cabeza pero, sobre todo, es su abrazo sin expectativas más allá de él mismo lo que me conmueve. Miento, y que me dijera que soy inteligente. Smart. Mierda, odio esa palabra. Cava la tumba del narcisismo.

El biberón terrorista
Julio 23, 2007Joder, el suelo de la estación está duro. Se me clava en la cadera y en las costillas y, por segunda vez en mi vida- la primera fue cuando tenía once años y quería tener pecho- desee que mi cuerpo estuviese cubierto de acogedora grasa protectora. A falta de pan, buenas son tortas, así que coloqué el jersey debajo de mi caderea precariamente asentada y apoyé la cabeza sobre la mochila, deseando que nadie me la robase ni se atreviese a intuir que llevaba el ordenador dentro.
La mujer es negra, amplia, generosa, lleva el carro delante como un remolque pesado, lleno de bolsas, casi tan voluminoso como ella. Habla inglés con un acento que no soy capaz de identificar, solo que es africano, lo cual no es difícil, teniendo un cuenta el color de su piel- you can never tell, tough-.
Fue su voz la que me despertó, su voz estridente, aguda, preocupada por la protección de su criatura dormida plácidamente en su carrito portable escudado de compras.¡ Salga de aquí, salga o llamo a la policía! Cierro los ojos con más fuerza, resistiéndome a salir del sueño, porque sé que si lo hago me costará olvidarme de las ganas de ir al baño- me tomé una botella de medio litro de ice tea- y comenzaré a sentir la dureza del suelo nuevamente. Así que aguanto unos segundos, tal vez unos minutos, escucho la voz de un joven hablar en francés, y puedo adivinar la escena: la mujer intenta echar al mendigo por considerarlo peligroso y el joven excusa su actitud diciendo que ella no habla francés. Sea como fuere, las voces suben de tono, la intensidad aumenta y, teniendo en cuenta que la distancia a la que sucede todo esto es de un metro o dos escasos, no me queda otro que abrir los ojos e incorporarme, una vez doy por sentado que el mendigo ha salido y los gritos de la mujer han cesado. Todo el mundo- doce personas a lo sumo- miran para la mujer con desaprovación, les parece una reacción desproporcionada pero,¿ Quién mide aquí las proporciones? Después de guardar el libro de Harry Potter, sentarme, limpiarme las legañas y desperezarme todo lo bien que puedo a las cinco y media de la mañana y después de tres horas de sueño, acompaño a la mujer a comprar sus billetes, dejándole veinte euros- mierda, solo tengo quince euros para vivir en tres días, para comer, si quiero tener el depósito del apartamente intacto de aquí al miércoles- y salgo al frío parisino recordando su risa inocente y cómplice, dejando atrás la estación y con ella sus palabras: El mundo está loco, el mundo está loco… Menos mal que la chica del mostrador nos dió leche caliente para el bebé sin cobrarnos…