Hoy no ha sido el mejor día de mi vida. Tampoco puedo decir que haya sido el peor.
Tampoco ha sido solo ‘otro más’.
Frustración, incompresión, rabia, calma, desorientamiento, gatita que se lame las heridas, gatita que panicks cada now and then, y mira fijo en ojos ajenos con el cuerpo hecho un trapo. Un trapo apelmazado, viejo y tieso, sucio. Y mira y siente que la lengua se le seca y el corazón bombea más fuerte y cierra los ojos e intenta controlar la mierda del condicionamiento clásico que la domina.
Pero los ojos ajenos no comprenden y atacan. O no atacan, solo dicen palabras que para ellos no tienen mayor importancia, mientras que para mí son astillas, son hojas afiladas, que se van clavando más y más y no me dejan respirar.
Y aunque me siento ridícula cuando digo algo y luego no lo hago, y dejo que los segundos queden suspendidos en el tiempo mientras riprendo el mio posto con una mueca interna de desconcierto y de certeza simúltaneas, sé que en el fondo todo responde a algo que, si bien de manera consciente se me escapa, en algún rincón de mí está claro o esperando ser aclarado.
Y miro ojos ajenos y conozco nuevos ojos ajenos que no llego a conocer. Y me sumerjo en palabras que pierden consistencia nada más pronunciarlas, y al perder el único poder que creía seguro, una de esas pocas certezas que parecen que mueven el mundo y me ayudan a navegar por él. Me siento perdida, me siento tan desorientada que necesito sentarme movida por un resorte mucho más profunod y menos accesible que ese engranaje de certezas bien engrasado que, sorprendentemente, no es tan firme como yo creía en un principio.
Por eso me siento, y me tumbo, y los ojos recorren línea tras línea, Babel, babel, babel. Y de repente siento español en un oído, chino en el otro, inglés que sale de mi boca, y perdida como estoy intento centrarme y continúar resbalanzo línea tras línea.
No es difícil. No necesito siquiera intentando. Años de práctica de mirar sin ver, de leer sin sentir, me amparan. me ayudan. Incluso cuando siento ojos ajenos que siguen los míos, que siguen las líneas, no me inmuto. Es más, acelero en una carrera rabiosa y premurosa que se precipita en el momente en el que los márgenes delimitan con espinas el terreno, o en el instante en el que los ojos ajenos recobran su lugar definido delante de la pantalla.
¿Acaso me obsesiono con menudeces, con misterios nimios, como un medio more or less fiable de no pensar, de sumergirme en un vacío, speechless y cálido, de sin sentido y silencio?
O lo hago porque no lo puedo evitar, porque en el fondo creo que todo se conjuga y se define según los mismos parámetros, que Toni Morrison tiene razón cuando pronuncia esa frase, cuando la escribe, esa que parpadea en mi memoria y que no me atrevo a escribir aquí porque, por mucho que me deje transportar por las ganas de expresar la frustración y la desazón interna, no dejo de sentir ciertos reparos hacia un medio tan poco fiable como es la red,
Por eso me guardo mis verdades y dejo que las palabras se cubran de chales ambiguos que son bastante claros para quien se ha amparado bajo ellos. Pecato que no estén en grado de leerlo.
No tengo mucho más que añadir, la verdad. Life goes on smoothly… or so I thought. Ahora mismo todo me parece más messy que nunca, caótico. Sigo clavando los dedos en el teclado como una manera de deshacerme de la oscuridad, de la oscuridad, de la sensación de volubilidad de todo lo que me rodea. De saber que una mañana abriré los ojos y ya no estaré aquí, de saber que ellos los saben y todos los ojos ajenos resbalan sobre mí como los míos sobre las líneas una vez entran en conocieminto de un hecho tan simple como hiriente como estúpido.
Porque sí, proque me joroba, de la misma manera que me molesta no entender ciertas cosas. De la misma manera que el desconcierto insiste en hacerse un hueco en mi cama vacía, de la misma manera en la que cierro los ojos cada nocho sin saciar, siempre hambrienta de una verdad esquiva, que no se deja ver, solo intuir,
Y sigo especulando sin llegar a ninguna parte. Sigo mirando y solo veo palabras que me golpean, y entonces me cubro y lloro bajo mi chal pena pasadas, paralizada de miedo y volviendo a mi piel de serpiente recién estrenada, primera muda, una cría que no sabe porqué, no sabe donde, no sabe quién, no sabe nada, una cría que una mañana miraba otros ojos beber ese vaso de zumo mientras un nudo atenazaba su estómago.
¿Y ahora qué? Vuelve a mí, nunca se va, nunca se irá. La misma mierda que se asienta en la boca del estómago y me hace sentir menos de nada, que me hace dudar de la más simple de las certezas, una tan simple que a veces te preguntas qué para que sirve la viag. Pero en el fondo nada es simple, todo es jodidamente complejo y las verdades esquivas me siguen hiriendo como dagas, y de nuevo me siento una cría que para colmo no puede seguir indagando porque necesita cerrar los ojos cada vez que el agua la golpea como arena en la cara y en el cuello desnudo. Al fin y al cabo hace calor aquí, en California. Los días son secos y yo aspiro a vocanadas el aire caliente, desértico, y lo trago y lo siento mientras espero a mediodía con los pies sobre el asfalto hirviendo, e intento poner en orden pensamientos que se colocan en fila, uno tras otro, esperando su turno.
Y parece que lo voy a conseguir, parece que es solo cuestión de tiempo, pero de nuevo las palabras y de nuevo mi cuerpo encogido y el pánico en mis ojos que se nublan y el dolor que se enclava muy adentro y me deja inmóvil, paralizada, inerme, con una sensación agria, amarga, en el esófago, una sensación que se precipita hasta dejarme calcinada, si no fuera por las lágrimas que vienen y apagan el fuego, porque caen, una a una, hacia mi interior.
Y en momentos como ese siento que no hay ningún lugar, ni uno solo, del que poder asirme En momentos como ese estoy sola y me apalean, y da igual lo que haga, lo que diga, es solo una marea de palabras que salen de mi boca en un afán inútil de plantar cara a ese absurdo enemigo.
Y entonces, ya en cama, ya con algo sólido bajo mi espalda, en ese silencio nada incómodo pero incompleto, incompleto por las palabras que no se entienden y sobre todo por mi sed de respuestas, que me hace exigir cuando tal vez solo debería de esperar. En ese momento, ya con esa almohada y ese libro en el regazo, abro la boca y me disculpo.
Me disculpo, porque eso es lo que he aprendido, a decir lo siento. A asumir culpas, a disculparme por reaccionar así, por soltar palabras sin sentido, por ser emotiva, emotional, por ser una mujer en el sentido más peyorativo de la palabra, en ese ‘histérica’ que pende sobre mi frente incluso cuando me doy la vuelta. y lo digo y lo repito y a modo de explicación arguyo que ‘it reminded me of somthing’ o a alguien, y los ojos ajenos contestan que comprenden, aunque no comprendan un cazzo. O tal vez sí.
Tal vez la explicación para esas certezas capovolte y aparentemente purposeless sea que antes de obeceder a reglas que parecen no serlo, es mejor informarse y saber porque camino nos vamos a meter, que sendero transitaremos, y calcular el numero de espinos que vamos encontrando.
Es una pena que lo que hay al principio muchas veces se perpetúa como una constante al final del sendero, ese que parece que no tendrá fin, pero que lo tiene, y muy bien definido, btw.
No tengo nada má que decir, intentaré dormir unas horitas y ponerme manos a la obra mañana a la mañana. Gimnasio, estudio, comer, estudio, socializar, e incomprender. Incomprender, Ese es el verbo del día. El que buscaba.
Voy a lamerme las heridas.
tal vez la respuesta sea simplísima, tan simple que duela por simple… pero de momento me niego a creerlo. De momento me siento, y espero
Espero con algo sólido bajo el trasero, resguardandmoe de las palabras y de la caída.
Como una gata: una gatita.
Una cría.