Archivo de Septiembre 2009

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Bum bum bum

Septiembre 27, 2009

A veces apetece compartir. Hay momentos que paladeamso comodulces hasta que se deshacen, tiernos, en la boca. Este es uno de ellos. En los últimos dos días no he dormido demasiado, pero tampoco demasiado poco, y eso hace que hoy este despierta a pesar de que sean las tantas de la madrugada. Días intensos.

No voy a contar nada, nada, ya he dicho demasiado con decir que son las tantas de la madrugada… pero me encuentro bien, cansada. El aire acondicionado que se apaga y el silencio que lo envuelve todo con un manto espeso y cálido.

Y fresco.

Las imagenes que revotan en mi pupila una y otra vez, y se resistena salir, y que veo y vuelvo a ver en intimidad, como debe de ser. Escucho mis gritos y los suyos, escucho el sonido de mi cadera contra el plástico y el metal, y el sudor de mis manos contra la manilla caliente. Veo a través de una ventana calor y formas humanas, veo comida y más comida y cuerposos obesos y delgados. Veo niños que hacen pucheros y recuerdos que me hacen revolverme en un asiento. Veo cuerpos que se pegan, húmedos, unos contra otros, y bocas ávidas y cálidas que se buscan bajo la humedad de un chorro de espuma.

Siento, siento cuerpos que se agolpan y escozor en los ojos, noto los pies que caminan y van dejando migajas por donde quiera que vayan.

Pero sobre todo siento lo falta de cansancio, y el bombeo incesante (por el momento) del corazón, y por eso quería compartirlo con vosotros, con los cinco de siempre, que os habéis desacostumbrado a mi presencia y solo me visitais de tanto en tanto…

Hoy ha sido un buen día. Hoy es un buen día.

Y me duermo acunada por las imágenes que revotan en mis pupilas…

os quiero!

derroches de energía?

quien sabe, y yo me duermo y acuno a mi misma como una niña que escucha una nana, embelesada… y te recuerdo y recuerdo tus palabras y me canso de recordar y me duermo con los ojos velados de cansancio que viene y toma posesión de su legítimo lugar, haciendo que las imagenes se vuelvan más nítidas y se fundan luego, para crear un mosaico indescifrable de significados y de imágenes fragmentadas, y yo siento la música bum bum bum que bombea, y siento las ganas de liberarme de su abrazo y de largarme sola, de dejarme llevar. Pero no hay manera, siento su grip en mi hombro y en mi cadera, y al final dejo que mis puños se entrometan en el camino, y con los pies húmedos y la ropa humedecida pegada al cuerpo acabo en el cuerto de baño de Roberto duchándome con gel de hombre y secandome los pies con poca maña…

Hoy no es día para echar de menos.

Bum bum bum… el corazón que late, denso, y yo que me duermo acunada por una nana de cuando era niña, que me recuerda los mometnos de cuando ya no era tan niña, y me concude como una mano que guía a un niño que aprenda a caminnar, con gesto seguro y pulso firme, hasta las tierras de nadie y más mías que ningunas, del sueño…

Donde hasta decir ñoñerías está permitido, e ir despilfarrando frases que aunque no tengan mucha gasofa en la tinta todavía se van soltanto y que, aunque no me hagan derrapar, me van llevando de paseo, lentamente, por parajes lo suficentemente bonitos como para qeu no eche de menos el exceso de velocidad…

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Septiembre 19, 2009

Hoy no ha sido el mejor día de mi vida. Tampoco puedo decir que haya sido el peor.

Tampoco ha sido solo ‘otro más’.

Frustración, incompresión, rabia, calma, desorientamiento, gatita  que se lame las heridas, gatita que panicks cada now and then, y mira fijo en ojos ajenos con el cuerpo hecho un trapo. Un trapo apelmazado, viejo y tieso, sucio. Y mira y siente que la lengua se le seca y el corazón bombea más fuerte y cierra los ojos e intenta controlar la mierda del condicionamiento clásico que la domina.

Pero los ojos ajenos no comprenden y atacan. O no atacan, solo dicen palabras que para ellos no tienen mayor importancia, mientras que para mí son astillas, son hojas afiladas, que se van clavando más y más y no me dejan respirar.

Y aunque me siento ridícula cuando digo algo y luego no lo hago, y dejo que los segundos queden suspendidos en el tiempo mientras riprendo el mio posto con una mueca interna de desconcierto y de certeza simúltaneas, sé que en el fondo todo responde a algo que, si bien de manera consciente se me escapa, en algún rincón de mí está claro o esperando ser aclarado.

Y miro ojos ajenos y conozco nuevos ojos ajenos que no llego a conocer. Y me sumerjo en palabras que pierden consistencia nada más pronunciarlas, y al perder el único poder que creía seguro, una de esas pocas certezas que parecen que mueven el mundo y me ayudan a navegar por él. Me siento perdida, me siento tan desorientada que necesito sentarme movida por un resorte mucho más profunod y menos accesible que ese engranaje de certezas bien engrasado que, sorprendentemente, no es tan firme como yo creía en un principio.

Por eso me siento, y me tumbo, y los ojos recorren línea tras línea, Babel, babel, babel. Y de repente siento español en un oído, chino en el otro, inglés que sale de mi boca, y perdida como estoy intento centrarme y continúar resbalanzo línea tras línea.

No es difícil. No necesito siquiera intentando. Años de práctica de mirar sin ver, de leer sin sentir, me amparan. me ayudan. Incluso cuando siento ojos ajenos que siguen los míos, que siguen las líneas, no me inmuto. Es más, acelero en una carrera rabiosa y premurosa que se precipita en el momente en el que los márgenes delimitan con espinas el terreno, o en el instante en el que los ojos ajenos recobran su lugar definido delante de la pantalla.

¿Acaso me obsesiono con menudeces, con misterios nimios, como un medio more or less fiable de no pensar, de sumergirme en un vacío, speechless y cálido, de sin sentido y silencio?

O lo hago porque no lo puedo evitar, porque en el fondo creo que todo se conjuga y se define según los mismos parámetros, que Toni Morrison tiene razón cuando pronuncia esa frase, cuando la escribe, esa que parpadea en mi memoria y que no me atrevo a escribir aquí porque, por mucho que me deje transportar por las ganas de expresar la frustración y la desazón interna, no dejo de sentir ciertos reparos hacia un medio tan poco fiable como es la red,

Por eso me guardo mis verdades y dejo que las palabras se cubran de chales ambiguos que son bastante claros para quien se ha amparado bajo ellos. Pecato que no estén en grado de leerlo.

No tengo mucho más que añadir, la verdad. Life goes on smoothly… or so I thought. Ahora mismo todo me parece más messy que nunca, caótico. Sigo clavando los dedos en el teclado como una manera de deshacerme de la oscuridad, de la oscuridad, de la sensación de volubilidad de todo lo que me rodea. De saber que una mañana abriré los ojos y ya no estaré aquí, de saber que ellos los saben y todos los ojos ajenos resbalan sobre mí como los míos sobre las líneas una vez entran en conocieminto de un hecho tan simple como hiriente como estúpido.

Porque sí, proque me joroba, de la misma manera que me molesta no entender ciertas cosas. De la misma manera que el desconcierto insiste en hacerse un hueco en mi cama vacía, de la misma manera en la que cierro los ojos cada nocho sin saciar, siempre hambrienta de una verdad esquiva, que no se deja ver, solo intuir,

Y sigo especulando sin llegar a ninguna parte. Sigo mirando y solo veo palabras que me golpean, y entonces me cubro y lloro bajo mi chal pena pasadas, paralizada de miedo y volviendo a mi piel de serpiente recién estrenada, primera muda, una cría que no sabe porqué, no sabe donde, no sabe quién, no sabe nada, una cría que una mañana miraba otros ojos beber ese vaso de zumo mientras un nudo atenazaba su estómago.

¿Y ahora qué? Vuelve a mí, nunca se va, nunca se irá. La misma mierda que se asienta en la boca del estómago y me hace sentir menos de nada, que me hace dudar de la más simple de las certezas, una tan simple que a veces te preguntas qué para que sirve la viag. Pero en el fondo nada es simple, todo es jodidamente complejo y las verdades esquivas me siguen hiriendo como dagas, y de nuevo me siento una cría que para colmo no puede seguir indagando porque necesita cerrar los ojos cada vez que el agua la golpea como arena en la cara y en el cuello desnudo. Al fin y al cabo hace calor aquí, en California. Los días son secos y yo aspiro a vocanadas el aire caliente, desértico, y lo trago y lo siento mientras espero a mediodía con los pies sobre el asfalto hirviendo, e intento poner en orden pensamientos que se colocan en fila, uno tras otro, esperando su turno.

Y parece que lo voy a conseguir, parece que es solo cuestión de tiempo, pero de nuevo las palabras y de nuevo mi cuerpo encogido y el pánico en mis ojos que se nublan y el dolor que se enclava muy adentro y me deja inmóvil, paralizada, inerme, con una sensación agria, amarga, en el esófago, una sensación que se precipita hasta dejarme calcinada, si no fuera por las lágrimas que vienen y apagan el fuego, porque caen, una a una, hacia mi interior.

Y en momentos como ese siento que no hay ningún lugar, ni uno solo, del que poder asirme En momentos como ese estoy sola y me apalean, y da igual lo que haga, lo que diga, es solo una marea de palabras que salen de mi boca en un afán inútil de plantar cara a ese absurdo enemigo.

Y entonces, ya en cama, ya con algo sólido bajo mi espalda, en ese silencio nada incómodo pero incompleto, incompleto por las palabras que no se entienden y sobre todo por mi sed de respuestas, que me hace exigir cuando tal vez solo debería de esperar. En ese momento, ya con esa almohada y ese libro en el regazo, abro la boca y me disculpo.

Me disculpo, porque eso es lo que he aprendido, a decir lo siento. A asumir culpas, a disculparme por reaccionar así, por soltar palabras sin sentido, por ser emotiva, emotional, por ser una mujer en el sentido más peyorativo de la palabra, en ese ‘histérica’ que pende sobre mi frente incluso cuando me doy la vuelta. y lo digo y lo repito y a modo de explicación arguyo que ‘it reminded me of somthing’ o a alguien, y los ojos ajenos contestan que comprenden, aunque no comprendan un cazzo. O tal vez sí.

Tal vez la explicación para esas certezas capovolte y aparentemente purposeless sea que antes de obeceder a reglas que parecen no serlo, es mejor informarse y saber porque camino nos vamos a meter, que sendero transitaremos, y calcular el numero de espinos que vamos encontrando.

Es una pena que lo que hay al principio muchas veces se perpetúa como una constante al final del sendero, ese que parece que no tendrá fin, pero que lo tiene, y muy bien definido, btw.

No tengo nada má que decir, intentaré dormir unas horitas y ponerme manos a la obra mañana  a la mañana. Gimnasio, estudio, comer, estudio, socializar, e incomprender. Incomprender, Ese es el verbo del día. El que buscaba.

Voy a lamerme las heridas.

tal vez la respuesta sea simplísima, tan simple que duela por simple… pero de momento me niego a creerlo. De momento me siento, y espero

Espero con algo sólido bajo el trasero, resguardandmoe de las palabras y de la caída.
Como una gata: una gatita.

Una cría.

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Septiembre 14, 2009

Todo es un remolino y yo estoy dentro, y yo me precipito con las ondas, más, más adentro, hundiéndome en esa marejada, con esa fuerza que me seduce y me succiona y no me da la posibilidad de elegir.

Y me encuentro sientiendo con una agudeza extraña, y con una tranquilidad que me deja pasmada, y continúo avanzando hacia ese centro respirando entrecortadamente y mirando al cielo.

El cielo es bello. Es azul. Es bonito. Es acogedor, es fresco, es cariñoso, me lame la cara y el pelo, me tranquiliza y me rissacura en momentos como estos, me permite seguir a flote, presente, mientras el agua viene y sacude la parte inferior de mi cuerpo, y yo me dejo arrastrar porque sé que poco puedo hacer, solo conservar la cabeza caliente y el cuerpo frío, solo intentar seguir a flote, solo racionalizar lo que pasa por debajo del nivel del agua, saboreando, de cuando en cuando, la superficie cristalina y salada, para volver a mirar hacia arriba en un intento bastante fútil de conservar la cordura.

Y eso me gusta. Incluso me gusta el hecho de que las cosas no sean lo que parezcan, de que mis metaforas sean más retorcidas ahora que son más simples, y de que mis palabras den pié a  equívocos. Porque ahora soy yo, yo, yo, yo. Y poquito a poco lo voy asimilando y lo voy aceptando, y a pesar de que cuesta lo suyo, empiezo a sentir desentumecerse los pies y empiezo a bracear con más fuerza. Cada vez que me hundo, me cuesta menos salir, porque el cielo lo tengo siempre presente, y es cuestión de un impulso feroz y rápido, de un empujón interno, que sirve para propulsarme fuera del remolino que compone cada día, que compone la telaraña de las rutinas entendidas en el buen sentido de la palabra. Y en el malo.

Porque las rutinas afectan porque son cercanas, de la misma manera que las personas, lo queramos o no, lo hacen. Pero ahora las personas tienen una cercanía y una distancia que no habían tenido nunca antes para mí Poruqe las puedo tocar, porque puedo hablarles, porque puedo sonreir con los coloretes sonrosados mirando hacia todas esas caras que responden con sonrisas o mohines o sacudidas sombrías y húmedas e inquitantes.
Y de nuevo me puede la perspectiva, la distancia en la cercanía.  Y yo toco y soy affectionate y me acerco y me alejo de nuevo: y miro a la pared y mis manos discurren por el teclado y los labios se retuercen en sonrisas que no saben donde irán a parar. Y entonces me despreocupo.  Y una especie de paz sobreviene la angustia, la inquietud. Y la paz se impone como lo hacía la guerra hace no tanto tiempo. Y puedo ver a través de la liquidez de mis ojos y lo que veo me gusta porque no le puedo poner nombre. Aún. Y cuando ya n o sea aún será demasiado tarde para ponerle un nombre, porque los nombres se van superponiendo a los conceptos, y al final son otros los que los asignan, distribuyéndolos como piruletas, y no nosotros.

Y no me disgusta. No quiero pedir, ni exigir, ni imaginar. Pero sobre todo, no quiero esperar. Lo que sea será. Hoy, mañana, o nunca jamás. Y eso suena mejor que muchas de las melodías que he escuchado hasta ahora. Pecato que a veces duela aceptar verdades para seguir adelante, o duela aceptar que no hay verdades, que los absolutos existen solo hasta cierto punto, y que a veces denominar con absolutos conceptos relativos resta perspectiva, y puede llegar a cegar.

El sol del Pacífico es agradable, como lo es el día, como lo es la noche, como lo son todas y cada una de la spersonas que se cruzan en mi camino.

Pero lo que más extraño se me hace, lo que más me sorprende, e intento tomármelo con filosofía, son esos sentimientos tan contradictorios que crecen y florecen dentro de mí. Algunos, por desgracia, o por fortuna, solo germinan en terrenos áridos y secos y, cuando por fin lo hacen, solo dan plantas llenas de espinas, y frutos igualmente amargos. Los frutos todavía no los he visto, porque parte del trato era no esperarlos. Y a los frutales hay que tratarlos con cariño in order to get some fruit out of them. Porque si los maltratas, ni el terreno más fértil les hará dar un simple, mísero fruto. Y ahora la amargura se derrama sobre el teclado irónica, y lo digo porque aquí el terreno solo es fértil hasta cierto punto.

Me gusta, me encanta, rebozarme en el lodo de las palabras intentando darle un sentido al caos. Al menos ahora ya no busco la coherencia de antes: Y como he dicho, he tenido que dar un giro radical en cuanto a mi actitud ante las expectativas (entre otras cosas), para comprender que los hechos aislados existen y tienen un sentido dentre del todo. Y que esperar que todos los acontecimientos se conjuguen en una esfera perfecta es, al menos desde mi punto de vista, una empresa ‘harto yerma’. O discouraging, por lo menos.

No tengo mucho más que decir. Sentir los espinos dentro está haciendo que me sangre la laringe. Es casi como comer comida china. Agridulce.

Siento y vuelvo a sentir esos sentimientos encontrados que nunca antes me había parado a analizar. Porque los negaba, o directamente estaba tan ocupada en observar otros, que no les prestaba la atención debida.

Ahora sé que puedo ser mean, que puedo sentir resentimientos, gelosia o frustración sin tener que disculparme por ello. porque es humano, y solo cuando los admito de manera consciente impido o prevengo que esos sentimientos se coman mis horas y me devoren viva. Consigo seguir mirando al cielo y respirando oxígeno, y disfrutar del sol y de la sal en su justa medida.

Y eso me gusta. Eso me encanta.