Archivo de Agosto 2009

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Agosto 17, 2009

He vuelto a empezar. Y ahora supongo que lo tendré que dejar así, inacabado. Lo tendré que dejar poque en cuatro horitas tengo que pisar con los pies en el parque, la suela renegrida sobre el parque limpio, sobre la alfombra de calores, e ir trazando los pasos que me separan del baño, de la cocina. Vestirme con ganas y despedirme de mi casa.

Otra vez.

Esta vez me voy muy lejos. Otro continente no es cosa de guasa. No estoy nerviosa, ni ansiosa, solo una especie de calma, algo así como la certeza de que, sea donde sea, los elementos en común son los suficientes como para no quedarme coja. Y creo que eso me basta.

Sí. Me basta. Por primera vez puedo decir que, a pesar de esa certeza interna (¿ Acaso no lo son todas las certezas?) de que todo tiene una capa más bien consistente de similaritud, tengo, y siento, verdadera curiosidad por lo que me espera. Y  no solo curiosidad, la curiosadad es amiga del derroche de energía, y yo creo que en estos momentos, después del reposo (no diré merecido, porque hay quien ha trabajado más duro y durante más tiempo que yo, pero sí deseado) me siento en plena forma. Es una forma paciente, tranquila, como una pradera de una película, un pradera que tintiena en la pantalla con tranquilidad, que a traves de todos y cada uno de los pixeles del ordenador te transimite una sensación de irrealidad, de calma  y de concreteza, que raya el delirio.

Así me sietno yo ahora. En el borde. Otra vez. Pero está vez no desganada, no arisca, no falta de estímulo. Esta vez me siento lo suficientemente preparada como para derrochar energía escribiendo este mail, y para reconocer que tal vez mis bienqueridos progenitores llevaban raón cuando me decían que, cada cosa a su tiempo, hijita, cada cosa a su tiempo. In due time.

No he apreciado muchas de las oportunidades que se ma han dado, y ahora me siento dispuesta a compensar la balanza y hacerlo. Una deuda? Tal vez. Pero más que una deuda, más que algo impulsado como un cañonazo, desde lo negativo de la balanza, desde la tensión de la catapulta a punto de disparar, baja, es este un tiro que surge de un momento álgido, de algo que se eleva, que observa ya desde arriba, como un globo, que me permite observar  y me permite avanzar sin trastabillar, aunque, eso bien lo sé yo, habrá ráfagas de viento que me hagan perder el rumbo momentaneamente, pero no la visión del camino a trazar por la inmensidad de la atmosfera vacía.

Un beso a todos, como siempre. Mañana mi vida habra´dado un vuelco considerable, pero no definitivo. Otro más. Y esta vez sí lo voy a paladear. Mucho. Porque me ha llevado cinco años aprender a hacerlo. Cinco años y muchos más de entrenamiento previo para aprender a apreciar las cosas menudas sin desestimar las propuestas y oportunidades que aspiran, como los globos, a lo alto.

Antes el globo que tenía era bonito. No, era hermoso. Pero le faltaba la llama que lo impulsase, le faltaba la paciencia de alguien que lo gobernase. Me temo, globito, que ese momento ha llegado.

Preparate para subir, despacio, nada de catapultas  y tiros desenfrendados, porque el tictac del reloj ya nos precipita (pian piano), y cada segundo más, es uno menos hacia la inmensidad del aire, y de la vida.

PS: obviar la pomposidad de la última palabra. A Jordim le digo que aquí no va a encontrar mucho textos duro, de ese que le gusta a él, que se muerde con diente postizos porque los de verdad habría que reponerlos a cada bocado. Eso, dando por sentado que los postizos no son de verdad, claro.

Un saludo interactivo, otro segundo. Otro más. Me temo que a llegado la hora de desconectar.

Y empezar a ascender.

Por fin, que alivio… que paz.