A veces, y solo a veces, envidio a las personas que pueden levantarse cada mañana mirando al día, no como un reto en el cual es preciso llenar cada hora, cada minuto, para no sucumbir a la desesperación de una depresión y una sensibilidad que siempre parecen amenazar y hurdir su mañosas y despiedadas tretas entre visillos, y pueden caminar y reir y hablar sin darse cuenta de lo grandes que son haciéndolo.
Como los envidio.
A veces, solo a veces….
