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ayúdame.

Enero 24, 2009

Hasta los sueños languidecen con las horas. Supongo que quería eso, que languideciera, que no me golpeara con la fuerza con la que me golpeó durante media noche, y me despertó entre estertores y sudor frío, pregúntandome dónde rayo estaba ella, dónde estaban todas ellas, dónde car. las había dejado.

Pero permitidme comenzar por el principio.

Tenía el rostro afilado, las manos delicadas cogiendo los apuntes, los ojos de ardilla juguetona muertos y angustiados, y fue decirle dos palabras, que bastaron para que rompiese a llorar entre aspavientos inútiles, por librarse de ese demonio que la corroía por dentro.

Y ahí estoy yo, agarrándola, sabiendo que mis palabras habían desencadenado un alud, sabiendo que lo único que puedo hacer es asirla muy fuerte contra mi pecho e intentar susurrarle palabras al oído, tan veloces que no se de cuenta de que las está escuchando, tan eficaces que le vayan minando las convicciones que la mantienen prisionera en una jaula en la que cada mentira consituye un barrote de la mejor calidad, de un material imposible, creado a partir de la estructura global, que le impide librarse de la carga que soporta en el aire enrarecido que respira, por mucho que patalee y grite, por mucho que gima contra mi pecho, húmedo de impotencia y fatalidad.

La miro y se lo pregunto, la miro y se lo vuelvo a preguntar. Contesta con convicción ahogada en su propio sufrimiento, y yo sé que esas pobres palabras tienen que ir acompañadas de años de lucha, yo sé que las traicionará una y otra vez, y que lo sabe, yo sé que lo que yo diga, ahora, la puede hacer salir a trastabillando a precipitarse a un vacío del que nunca más podrá salir.

Y por eso la cojo con delicadeza, por eso no me impongo, por eso me siento tan débil, por no poder arrancarle de dentro todo ese cementerio corroido que la consume, por eso le pregunto si está dispuesta, por eso apelo a su voluntad, por eso le retiro el pelo del rostro, por eso le digo, o pienso en decirle, que no se crea su afirmación absolutamente contundente, y me debato para hacerme un hueco en su acorralamiento y decirle que esa respuesta es el punto de partida, que tendrá que cambiarla y matizarla, acpetar que el mundo es gris y que el lenguaje binario queda reservado a la informática, a un paraíso de reglas establecidas que cumplen un comentido y tienen un sentido en su propia y más yerma funcionalidad.

¿Cómo rescatar a alguien de un abismo, cómo cogerla con mis manos, débil y mancillada, entregada a la falsedad de una promesa, cómo agarrarla por el pelo y hacerla despertar, cómo sacarla de esa pesadilla que se prolongará durante días, meses y años, y en la que sus dos yos se debatirán hasta la saciedad en una guerra que no estará ganada hasta la última batalla, para continuarse a diario de una manera secundario y accesoria? Cómo decirle que es delicioso vivir con la preocupación mecánica en un segundo plano, vivir viva y sentir más allá de las cadenas que, como grilletes y mazmorras húmedas, nos mantienen atados en una esclavitud sin tregua que no ofrece reposo a un alma que se va rasgando, dejando a su paso jirones informes y olor a decepción y a libertad carcelaria?

Como decirle que la angustia, la ansiedad, la depresión, la idealización y la idea unívoca de una solución absolvente es tan falsa y desencaminada como el caminito que discurre, traicionero, al borde de un acantilado lleno de gaviotas famélicas de vuelo bajo y plumaje grisáceo?

Cómo decirle que más alla de todo esto está el océano, y que quiero que  lo vea y se sumerja desnuda en las aguas cristalinas y oscuras, azul profundo y denso, que le sacarán de encima la oscuridad que perpetra sobre su cuerpo el mayor crimen que ella se ha autoinpuesto en la conservación de un sueño imposible?

cómo decirle que es cierto, que esos anitguos canticos e historias tenían razón, que la verdadera belleza surge de la satisfacción más íntima de existir, aquí y ahora y tal y como soy, con la aceptación pausada del agua entre los dedos, con la esperanza bullendo en cada brazada nunca más desgarada, con la convicción absoluta de la falta de sostén, en la más deliciosa y tierna compañía, esa que solo puede surgir después de aceptar la soledad, la pérdida, la muerte, lo efímero y lo traicionero de las formas que han insistido, niña, en atarte con sus promesas de felicidad y te empujan a pasos cada vez más insistentes y presurosos hacía tu propio patíbulo y tu última oportunidad de redención?

Mira en derredor, y mándalos a todos tomar por culo.

3 comentarios

  1. sin duda, eso es.


  2. La última frase es reveladora; yo le echaría más picante a los textos, pero bueno, es que también yo…


  3. He vuelto ya por estos lados… sobrecogedor texto, será que además ando muy sensible y perceptiva.

    Saludos, seguiré leyendo el resto :)



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