Archivo de Marzo 2008

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Relatos cortos y diálogos interiores

Marzo 2, 2008

Nunca se me han dado bien los relatos cortos. Supongo que me volvía una chiquilla mogijata solo de verlos, o puede que me pareciera una pérdida de tiempo leer historias cortas cuando yendo a la biblioteca podías encontrarte contundentes volúmenes llenos de palabras que eran túneles hacia realiades paralelas. Sí, supongo que eso es lo que creía, o al menos es la única razón que se me ocurre para haber mantenido la prudencial distancia que mantuve a la hora de tratarlos.

Los relatos cortos… todo aquello que tratamos con altivez hasta que tenemos que enfrenarnos a su existencia. Luego resulta que no es tan fácil, qeu no es cuestión de escribir una historia en miniatura, de condensar las frases de una novela, podándolas a placer, hasta obtener un bonsai perfecto del otrora árbol literario. No, no señor, no es tan sencillo.

Es un universo con sus propias reglas, reglas desconocidas con las que tuve que aprender a convivir, a ir conociendo, pero de la misma que forma que se aprende una lengua extranejara en los primerios estadios: entendiendo el significado, pero sin ser capaz de reproducirlo.

Para empezar, no se me da bien, ni nunca se me ha dado (dejando de lado el hecho de que no me he puesto a ello), porque me pierdo en el detalle. Para mí el detalle lo es todo, no puedo concebir escribir sin retozar en cada esquina, sin ver cada una de las flores que orillan el camino y agacharme para comprobar si despiden algún tipo de aroma o es solo mi imaginación que, viéndolas tan vistosas, se crea su imagen mental  y engaña a los sentidos.

Para seguir, aclarado ya el punto uno respecto a al morosidad despreciable en cualquier tipo de relato corto, relato y corto, por antonomasia, no entendía que el desenlace se condensara en una frase. No, señor, demasiado cortante, ¿Cómo pueden ser tan fríos como para dejar al lector con la miel en la boca o la torta en la cara (la más frecuente, ironías de la literatura),  y largarse tan frescos a emprender otro sendero de apenas unas carillas? Increíble, absolutamente increíble, me decía.

Aunque… ¿y si solo intento encubrir mi incapacidad de escribir finales inesperados de manera sintética, o finales inesperados a secas? Tal  vez esta palabrería sea una torpeza por mi parte, para intentar oculatar la verdadera incapacidad de mi omisión… ¿Quién sabe? Tú, me dicen las letras con mucha cara dura, las manos en las caderas y rostros hoscos y amenazantes. Siempre que lees un relato corto acabas igual, tardas dos segundos en entender el final. No tanto. Bueno, pues uno, que ya le llega, y luego se te insinúa esa sonrisa de boba que parece que se ría del ingenio ajeno, cuando lo único que hace es reirse de la propia incapacidad. No soy tan egocéntrica como para enfocarlo todo hacia mí. Ah, no? Y entonce a cuento de qué eso de tener un diálogo interno en público? jo, siempre me dejas en evidencia. Me rendo

Qué sepáis que me encanta leer vuestros relatos, que me lo paso pipa con esos finales tan salados que me dejan de piedra pero que, sobre todo, me lo paso mejor aquí haciendo metáforas con elementos inanimados que vovlerían loco a un autista…

Me despido y, de nuevo, gracias. No dejéis de escribir.