Archivo de Diciembre 2007

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Vídrio

Diciembre 13, 2007

En ocasiones, muy puntuales, siento la indecible sensación de desar hundirme en una taza de porcelana, de crear mi mundo alternativo como tú creaste el tuyo, de ir tirando de la lona hasta exponerla al viento; y con el nuevo lenguaje poder crear algo más que solo desgarros sin ningún obetivo fijo. Al menos, de esa manera, pretendería que hay algo más que vacío.

Entonces recuerdo que a ti no te fue muy bien, que te perdieste por las ramas de tus metáforas, que tus lágrimas de fuego y música de piano se llevaron tu vida con ellas, y a mi contigo.

Mentira. palabra predilecta de tus labios. Mentira, yo digo que sigo aquí, y que sigo intacta, aprendida la lección de tus palabras, de tus condenas. Todavía puedo ver tus besos impresos en mis labios, mi espalda arqueada, atenta a tu juicio, tu lengua que penetraba mi boca como si fuera suya, como un caramelo, y yo me decía, cerrando los ojos, que el cielo había perdido su color, que lo único que me gustaba de aquel beso eran tus caricas, profundas como aquellos, sobre mi espalda.

Palpabas las vértebras mientras me escrutabas con esos ojos que siempre lo han visto todo. Ojos receptivos, sí, porque siempre besabas con los ojos abiertos. Decías que cerrarlos te impedía captar el momento, y yo aprendí tu lenguaje como aprendí el significado de tus metáforas: con el tiempo.

Nos besábamos con los ojos abiertos, y ahora que me encuentro escribiendo sobre el pasado sin fardos, sin remordimientos, sin pamplinas, siento mi cuerpo liviano, libre, como si fuese una ola rompiéndose contra la orilla. Me imagino embutida en un traje hermoso, con mucha cola, y me deshago de él solo para introducirme en una gran taza de porcelana, rellena de un sabor fuerte, una infusión: roiboos. Me meto y saboreo sola el color, la textura, y los rebordes firmes que contienen al líquido y a la prisionera voluntaria de las paredes de vídreo. ¿O era porcelana? Sola, sola. Como debe de estar todo ser humano.

Y los días libres capto todo con una agudeza dolorosa, concreta. Palpo los libros, el aire y las motas de polvo, palpo incluso mis pensamientos, intentando ver donde esta el error, la bifurcación, que hace que se pierdan por senderos sin salida. Lo veo y creo que el problema es el mapa, por eso palpo lo tangible con más ahínco: puede que en una de estas el rozar de mis muslos contra el pijama me recuerde a aquella noche en la que me levanté, grogui, y me duché vestida, notando la piel y la ropa unirse bajo el cálido abrazo del agua, hundida y por fin resucitada, fuera de la cruel rutina que siempre tienta con sus tentáculos mi vida.

Y es entonces que me digo, muy bajito, aquí en mi soledad querida… acepta la rutina, porque solo así serás libre. Y buceo, y me hundo en la infusión, la taza de porcelana cobra colores insospechados, se vuelve, poco a poco, más transparente, y no hacen falta más metáforas para asir el milagro que se representa a dos palmos de mi misma: es vídrio, la porcelana era una ilusión, el vídrio está siempre ahí, para dejarme ver lo de fuera, y ser siempre, dentro, una.

Porque en los días en los que el ánimo flota… todos los recuerdos se unen con el presente, todo confluye en ese remanso abandonado, el cielo destila aromas de vida, y yo sé que la posibilidad está abierta…; cuando, por el contrario, la melancolía se asienta, no hay presente, lo anula la oscuridad tensa, desgarradora, de no saber qué es lo que hay más allá de la porcelana, opaca, de ese vaso en el que uno se hunde si descuida sus ojos, y los cierra… metáforas estúpidas que ahora te alejan y yo, sola, por fin creo mi historia.

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Confesiones

Diciembre 10, 2007

El otro día tuve una pesadilla. El otro día u hoy, ya poco importa. En ella aparecía alguien con quien me acosté. Tenía el aspecto de siempre: barba, pelo largo, por todas partes, cuerpo enjunto y ese mirar que se disculpa por todo. Incluso esa pachorra, esa vida qeu, sin ser disoluta, era bastante dilantada, emanaba por sus poros.

Soñé con él, me perseguía. Es algo que jamás he comprendido. Ni siquiera recuerdo que me penetrara. Sé que fue así, qeu en ese momento fue correcto, guardo buenos momentos producto de la ignorancia… pero, soñé con él, y me arrastraba.

Soñé también con mi compañero de trabajo, y con X, siempre una figura torva, ausente, una majadería. Entre mis múltiples desbarres sobre la obsesión humana por encontrar pareja, soñé con ellos.

Hoy fue un día normal. Mi jefe me ha preguntado si le quería mucho, me a abrazado, me ha pedido un beso, me ha tocado el culo. He entrado en la cocina para hacer una hamburguesa. ¿Qué me encuentro? A mi compañerito en calzones, luciendo su cuerpo esbelto, hecho a base de trabajo, de trabajo y falta de sueño. Solo recuerdo el color de sus calzoncillos, Sigue, inmutable, se quita la camisa y yo no salgo. A veces pienso que la vida real es mucho más llena, más rica, que cualquier libro que podamos encontrar.

Soñé con X. Comía con unos amigos, como si aquello fuese el comedor de un high school americano. Me sentaba a su lado, haciendo hueco, dejando caer la bandeja como un fardo pesado, con fuerza, imponiendo mi derecho a sentarme. Es gracioso, esto se convierte en un diario… y es que el otro día, hace ya tiempo, unos diez días, me llama X después de semanas sin verlos, meses siempre entre nuestros espaciados enceuntros, y me dice, con voz melosa, que me tiene preparada una sorpresa, un sin fin de rosas y un fin de semana romántico.

Y yo de tonta, voy y pido el día libre. Enfermo, su abuelo, no nos vemos. No contesta y yo sigo enganchada, llamando, como una idiota, a un depresivo alelado al que solo quiero porque no tengo.

Soy dura, y no me callo, soy dura y hoy desbarro sobre mi vida. Porque me apetece, poruqe me da la gana, y porque yo lo valgo (caía de cajón).

y entre pitos y flautas me he olvidado de enunciar la revelación del otro día: no me acuesto con chicos que tengan novia, no por el dolor que sufrirían ellas, sino porque ensuciaría mi impecable moral. Y eso no puede ser, ninguna mácula sobre ella, por favor.

No dejo de soltar majaderías, lúcidas majaderías. Un cerebro cualquiera en un animal cualquiera con las plantas de los pies doloridas. En el sueño estaba mi mejor amigo. Le daba un beso en la mejilla. Un beso seco, o he de decir duro? uno de esos besos que nos damos, uno solo, en la mejilla, un choque de mandívulas y nada más, su pelo rubio y lacio sobre mi oreja. Y me voy. Estaba allí, siempre allí, mi mejor amigo. Y me sentí absorvida, alejándome de él, hacia una puerta, una salida de ese centro de suicidas, de personitas disciplinadas, multilingue y exasperante, en el que habitábamos los dos. Lo único bueno que había allí, era él. No pide, no pido, hablamos y adiós.

No más, solo saber que vendrá el beso seco, burdo y terco, en la mejilla, y mi salida del mundo caótico en el que habito, y con el que cierro este post, para volver a la realidad, y afrontar que no quiero dormir porque mañnaa toca trabajar, trabajar para clase, trabajar para la cafetería, ahogarme en trabajo que me gusta pero que me agota.

Y digo, como aclaración final y dominguera, absolutamente necesaria en este acto de confesionario puro y duro, denigrante por un lado, absolvente por el otro, que a veces una se ve tentada de relajar las barreras de la moralidad, de olvidar cual es su origen, si es que lo tienen, de ensayar o actuar por propio pie e iniciativa, de besar a cualquiera sin barreras, de olvidar que el dinero es la moneda de cambio de nuestra libertad.

Pero la aclaración, muy necesaria ella, era la que sigue: mi jefe es gay, no teman.

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Me muerdo la lengua

Diciembre 9, 2007

Me muerdo la lengua.

Me muerdo la lengua porque sé que, si hablase, escupiría demasiado, y no quiero rociar a nadie con mis palabras, mis blasfemias, mis ignominias, mi rabia.

Me muerdo la lengua y me callo, arropada entre las mantas, los pies en el aire, la fatiga expuesta a una noche de supuesto reparador descanso.

Me muerdo la lengua. Las letras brillas, son luceros brillantes en la pantalla, ya sucia, del macbook.

me muerdo la lengua, si no me la mordiera no podría sentir la sangre rociando las encias. Esa sangre raja que mana cuando me corto, cuando las uñas cavan sus fosas en mi carne, cuadno mi única preocupación es retirar su acusador rastro de mi piel, de mi ropa, de todo lo que toco, porque si no no podré seguir trabajando.

Me muerdo la lengua. Ojeras, fatiga y una sensación de no saber, de irrealidad, de tenerlo todo flotando como una nube poallosa, que no moja, pero tampoco me alimenta.

Me muerdo la lengua. Estoy cansada, lo sé, y el cansancio viene y se asienta. Es peligroso el cansancio, pero hoy me muerdo la lengua, y entremedias me quejo. Cansada de levantarme, estudiar. Cansada de levantarme, trabajar. Cansada de servir mesas y morderme la lengua, cansada de sonreír cuando mi cuerpo dice: basta, y pide una silla cerca. cansada de tener las plantas de los pies molidas, de hacer cuentas estúpidas, de aplicar las matemáticas en calculos sencillos. Cansada de propinas, de mis quejas, cansada de mi cuerpo que engulle la comida.

cansada de mis quilos, de mis neuras, cansada, en fin, de no poder morderme la lengua.

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Sociedad

Diciembre 4, 2007

Comicidad suprema y altanera
la de ese chucho de patas corredizas,
que sigue e intimida mi figura,
gritando solo sus mudos artilugios

Es triste que ni aun perseverando
escuchen tus chillidos de gaviota,
y tengas que seguir con paso extraño
los rediles del vallado impuesto a otros

curioso es este mundo, y yo
camino,
obviando al perro chucho de
los bosques,
tal vez no pase un día, ni una noche,
sin que sus gritos caven fosas en
sus mientes

quien sabe donde linda lo patético
y lo sabio
donde lo temible y confiable
mejor será callar y oír atentos,
al trueno que se acerca por los cielo

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Dependencia emocional consciente

Diciembre 3, 2007

Y, sin embargo…
sin embargo, que ganas de tenerte entre mis brazos
calmarte y confortarte entre mis piernas,
recibirte en mi vientre, abierta a todo,
dispuesta a ser el recipiente de tus penas