No me dejan de fascinar las relacones interpersonales. Cada single day, cuando abro los ojos, cuando hablo con alguien, me doy cuenta de lo superficial y profundo que puede ser todo al mismo tiempo. Relativo.
Especialmente aquí, en América. Aquí donde todo es tan similar y al mismo tiempo tan diferente. Donde la gente te habla y sonríe y gesticula y luego se va. Estoy cansada de ese individualismo, ese distacco que se te queda dentro, como los poso fríos del té en la taza, y es insípido y no tiene calor, porque no hay agua, porque no hay nada que lo mantenga unido.
Últimamente me da verguenza publicar lo que escribo. Me da una verguenza terrible, especialmente desde que dejé de utilizar palabras grandilocuentes y me rendí a la sencillez. O, al menos, lo intento. Escribir de manera empalagosa ha quedado atrás. Punto y final.
Pero como decía, me duele. Me duele mucho que las personas vengan y te hablen y compartan horas y horas contigo y luego uno no pueda decir esta boca es mía. Que se tenga una que callar en virtud de ese individualismo que todo lo rige, que tenga que sonreír y no exiguir una reciprocidad, un mínimo de commitment, un algo. Me frustra hasta límites indecibles.
Hoy, después de semanas hablando sin parar con un sinfín de personas, me sentí cansada. Harta. Noté la boca del estómago estrecharse, el estómago pesado. Miré alrededor y opté por largarme a casa, encerrarme en mi habitación e intentar respirar.
Me sentía, me siento, perdida. Es como si uno tuviera que definir su propia individualidad. Me siento obligada a trazar los límites de mi misma, a coger un carbonzillo y dibujar mi silueta sobre un trozo de papel.
Cierro los ojos y solo siento dolor. Un dolor agudo y sordo y extraño, un cúmulo de situacones, de lugares, de personas, que vienen. y que van.
Cinco años y cuatro paises diferentes. Cuatro años y todos vosotros. Especialmente tú.
Y ahora me encuentro aquí, de nuevo en un puente sin estabilidad, en un lugar mómentaneo, en una instentánea que ya empieza a precipitarse hacia el pasado. Y me frustro.
Miro a mi alrededor, miro a las montañas de San Gabriel, siento el calor seco del desierto, de California, acariciarme la piel. Y me frustro. Me tumbo en la tumbona, leyendo, con el agua y el olor a cloro a dos pasos, con el sol abrasador casi en Noviembre, y la música de fondo y los locutors que hablan sin parar y ríen de manera poco natural (esténtorea, diría la tuak del pasado) Y tengo ganas de decirles que se callen (me enervan, diría la tuak dle pasado). Y me frustro.
Y luego está él. Otro más. Y lo veo y lo saludo y no puedo pedir nada y me cansa gastar tanta energía en pretender ‘que no me importa’. En pretender que los días que se pasan en compañía de alguien no son más que un intercambio comercial en el que los sentimientos no se involucran, no juegan ningún papel. Y me frustro. Me da rabia. Me dan ganas de gritar. Me dan ganas de gritar porque yo sé que no soy la única que pretendo, que aquí todos se reprimen incluso cuando hablan de mentalidad abierta.
Porque si llamo no soy independiente, porque si digo lo que quiero, y lo que quiero es esa presencia, ahora mismo, a mi lado, uno manifesta una debilidad inadmisible, una depencia calificadad de enfermiza que resulta en repulsión. Así que la gente pretend y luego en un segundo robado, fuera de miradas indiscretas, viene un abrazo suelto y un cómo has estado que se pronuncia despacio, en intimidad, a pesar de que los dos nadies se hayan visto varias veces en las días que mediaron entre encuentro y encuentro ‘privado’.
Me frustro porque todos manifestamos una debilidad mayor al renegar incluso de nuestros sentimientos. Uno no sabe en que van a parar las cosas, no lo sabe, pero tanto los amigos, como los amantes, como las parejas, son solo categorías para definir a personas con las que nos gusta interactuar, estar, simplemente estar, hablar y callar y retozar y, dependiendo de la categoría, el sexo viene includo en el paquete o no.
Estoy cansada de tener que fingir. Pretend. Me pregunto si no será mejor alejarme de todas esas figuras que me rodean y que van penetrando en mi caparoncito. Si no será mejor coger y recluirme y no dejar que me toquen. En especial los hombres. En especial los hombres que me resultan atractivos. Porque si quiero que me toquen ellos no suelen ser demasiado melindrosos, pero luego viene el juego absolutamente estúpido y que me quita toda la energía del cuerpo; el juego de no manifestar jamás abiertamente el deseo de ver al otro.
Me dejo de ralladas personales en espacios públicos. Necesito respirar mi propio aire, como ya escribí (no en público) hace no tanto. Y, en cuanto a lo de recluirme, yo misma sé que no voy a renunciar a ese tira y afloja que tanto me gusta. Simplemente me frustra el perder tantas horas de mi vida (y ahora, con los años, lo empiezo a ver, que inutilidad perder horas pensando en hombres que, literalmente, desaparecen de un día para otro, bien porque yo me voy, bien porque ellos se van, bien porque sucede, y punto?) Perder horas obsesionada con el sabor, el tacto, la memoria, el chiste, la anécdota, la risa.
Pero no lo voy a negar. No voy a negar que me gusta el resultado. Y no voy a negar que siempre quiero inquirir un poco más, dar un paso más valiente, aventurarme inland.
Sin embargo, esta es mi vida. Este tic tac que sigue marcando los minutos, que me sigue descontanto días semanas años (siendo optimista y dando por sentado que será larga, por supuesto). y, qué estoy haciendo? Es esto lo que quiero, ir distrayéndome con diversos figurines que nunca tendrán el valor de dar un paso adelante? (y, caundo lo dan, yo escapo, lo que, after all, accounts to the same thing)
Este es mi cuerpo. Pero, sobre todo, este es mi cerebrito, si es que me fio de la ciencia y lo tengo plantado entre mis temples. Y las neuronas y los axiones y lo que quiera que enable mis pensamientos to exist está haciendo una gran labor.
La pregunta, ahora, es: ¿En qué quiero pensar? tengo un tiempo limitado y energías limitadas. Interactuar con otras personas es enriquecedor, aprender a hacerlo sin herirse en un camino con rebordes hechos de cristales rotos, pero, lo que más mi stupisce, es el hecho de que esté dejando, conscientemente, que todos esos individuos ocupen mi cabeza.
Sí, es la típica lección que la niñita aprende en el High School, right? Lo sé, lo sé, pero a mí no me basta esa explicación. Al fin y al cabo, si lo hago es por una razón. El problema es que ahora tengo la edad, los recursos y el aplomo como para no cortarme. Y, contrariamente a lo que puediera pensarse, las cosas no son, ni mucho menos, más fáciles.
Una cosa es fantasear compulsivamente. Otra es interactuar con individuos independientes, con seres con sus propios cerebritos, sus priopios pensamientso y sus diversi backgrounds, Non è uno scherzo.
Miradme a mí, que ya me sale escribir con ratazos de otros idiomas, a mi edad. ¿Cómo acabaré en unos años? No lo quiero ni pensar. Inteligible.
El caso, que me encuentro aquí en mi cama, con mis ventanas, con la luz apagada, en un complejo californiano cualquiera. Sola. ¿Y qué hago? Escribo online. Lo cual no es si no un síntima, y, en cuento tal, una respuesta.
Necesito a los demás. Pero he aprendido, estoy aprendiendo, a cerrarme. Duele demasiado. Todas las personas a la que he querido. Carajo. Todas ellas. Todas se irán muriendo, yo me moriré, y no sé si tengo la fuerza que ir dejando por ahí mi afecto desperdigado. El problema es que cuando uno se sale de las categorizaciones, cuando uno se mete en la vida de verdad, entonces te das cuenta de que el mundo de los afectos es much more complex de lo que u inicially thought it would be, am I right? Of course I am!
Veo colores: amarillo tenue, por afecto y basta, rojo brillante, para infatuazioni varie, rojo granate, para esas persoans que entran en tu piel, la traspasan, y se quedan ahí, dentro, muy dentro. Tan dentro que bromeas con ellas lo quieras o no. Tan dentro que pasan a formar parte de todo lo que tú eres y hacen, y te guían no importa cuantos años pasen.
Sí, lo sé, suena a clichè, a chicle también. mascado y sacado de un libro de autoayuda. Pero es la realidad. Mi realidad. Y en tanto es mía, en tanto la siento de verdad, actúo en función de ella.
No tengo mucho más que decir, la verdad. El corazón me hace cosas raras. A lo mejor todo se explica echando mano de los ciclos menstruales femeninos y los cambios hormanales. No me extrañaría nada. Y entre todo este pupurri de pensamientos mezclados, madeja informe, jerigozna, materiol variopinto, estoy yo.
No sé qué será, qué soy. Incluso me parece un insulto a mi dignidad andar publicando estas cosas, vender pensamientos superfluos y profundos a un tiempo a quien los quiera comprar pagando dos duros o, lo que es peor, gratis.
Cierro los ojos. Oh,sí, cierra los ojos, mi niña. No llores. No llores. Lo sé que es difícil intentar sacar un sentido a toda esta majadería. Una majadería que todavía parece una preparación para lo que está por venir. Nosotros y nuestra burbuja impulsada por papá y mamá.
Así me gusta, sonríe. ¿Lo ves? No es tan difícil. Recuerda tan solo que esa piel es tuya, es mía, que las uñas y las piernas de las que tanto te averguenzas, que los pechos y los ojos y tú primera cana y tus cicatrices son tuyas. Todas y cada una de ellas. La de la botella, la sangre que manaba. La de las sandalias, la de la vacuna, la de aquella vez que me mordiste tan fuerte y con tantas ganas que acabé sangrando y reindo durante horas. Ja. No parece real, ¿verdad? Tantos años ya…
Me dejo de majaderías, las elucubraciones y pensamientos generales están bien, pero una también tiene que preservar (reservar) un mínimo de cordura y de privacidad.
Ahora he conseguido aplacar el desasosiego, necesito cerrar los ojos, después de esta pausa, dormir y volver a la vida. A las responsabilidades estúpidas, al caminar, al fingir, al sonreír, al no decir con absoluta sinceridad lo que pienso, porque los años me han enseñado que las consecuencias no son siempre las que uno esperaba, y a pasear pasito a pasito intentando bear in mind quién soy. O quién creo que soy.
¿Soy solo una amalgama informe de parches? ¿Hecha de todos esos traits definitorios que me he asignado? ¿Soy la exanoréxica loca o la niña de papá? ¿Soy la exnovia de alguien que se considera loco, o soy la persona que mira y no toca porque cada vez que toca la gente se asusta de como feels el sentir una mano que te toca de verdad?
Y caigo de nuevo en las generalizaciones. People. Gente. Yo soy gente. Me río de mi misma cuando me doy la licencia, por otro lado, infundada, de creerme especial. Por el amor de D.! Con lo bien que se siente una siendo una más, la libertad que te da de ser quien quieres ser, de caminar paso a paso sin cadenas ni constricciones…
Necesito un baño, necesito gritar, necesito un hombre con el que encerrarme dos días conscutivos en el dormitorio, por el solo placer de ver la luz que entra por los visillos entreabiertos de las ventanas al amanecer, juntos, desnudos y derrotados; necesito definirme, saber definir hasta que punto mis contornos y los de los demas se entrecruzan, se fifuminan. En mi vida he hablado con tantas personas, he empleado tantas energía en conocer otros entes que pululan por este mundo.
Estoy abituata a estar en mi conchita, a mirar y observar y perderme en los detalles, a saborear el viento y observar las flores, a angustiarme por naderías y a llorar sin venir a cuento. A fingir fortaleza y a llorar en la intimidad. Sola, o acompañada. A más de uno lo he asustado con esas explosiones estúpidas.
Sin embargo, sé que hay algo sólido bajo la superficie, en esa capa que antes era maleable, de plastilina. Percibo como mi personalidad se va solidificando, volviendo resistente a las embestidas de las olas que, por otro lado, son de un tamaño bastante limitado aquí en este emplazamiento estratégico y protegido en el que, al menos por el momento, estoy.
Estoy en todas partes, y en ninguna. Conozco y desconozco, y planeo. No me paro ni me freno y, cuando lo hago, cuando lo he hecho, y tú lo sabes, he sentido ganas de vomitar, como un marinero al llegar a puerto. He sentido angustia y rabia y uan falta de aire que casi amenazó con asfixiarme.
Tú lo sabes, ¿verdad, niño? ¿Y con qué derecho te llamo así? Tienes razón, quiero estar sola. Al menso hasta que descubra lo que significa alone. No lo tengo claro todavía.
Let’s see if i can figure it out by sleeping through it… don’t u think?
Otra fechoría más, otra sarta de palabras que el cyberespacio se devora… ja. Necesito actuar, ya. Hago lo que quiero, pero no completamente. Y si bien puede que hacer lo que a uno le plazca puede que sea solo un ideal estúpido y sin sentido (Recordemos a Fellini, otto e mezzo, el prete que le dice: chi ti ha detto che alla terra si veniva ad essere felici, caro mio? va bene, lo admito, modificado por servidora, pero, modificaciones aparte (imaginaros la cara del sorprendido Mastroiani) deberíamos tomarnos un respiro en esta quest por ese algo que no podemos definir. Tal vez estamos caminando en la dirección errada. ¿Chi lo sa?
Lo sé, cada cual lidia como puede con su vida. Cada cual se expresa a su manera. Tú escribías poesía jodidamente buena, otras sacan fotos y otros duermen. Yo prostituyo mis entrails en internet. Y me gusta. Me hace sentir viva, me permite sentirme en contacto con otros miles de millones de puntitos interactivos (¿o cientos? ¿cúal es el porcentaje de individuos que en este mundo loco y dispar tienen acceso a la Web? that is the question). Oh, no espera, que me acusan de plagiarims en esta sociead tan perfeccionista. Rewind. That is the question (Shakespeare).
Y con esta frase pongo punto y final a mi rimbomante reflexión (no me lo creo ni yo). Como he dicho, nada que añadir, nada que no se haya dicho ya, pero al menos el cuerpo se me ha quedado relajado como el sueño de un neonato-tranquilo. Y aunque este sea solo un remedio momentáneo, una medicina cuyo efecto se pasará pronto, y de la que fui adicta, al menos me alivia durante el tiempo necesario como para pensar en frío e intantar encontrar una solución a mis dilemas más inmediatos y concretos, mundanos.
Y no créais que no me da pena el haber tirado por el retrete mi oportunidad de aprender a escribir ‘de puta madre’. Porque lo sentía y leía al rate suficente high como para expesarme ‘bien’, sintiendo cada letrita, con propiedad.
Pero las oportunidades pasan. Los idiamos que metí en mi cabeza me quitaron fluidez en mi lengua materna. Es un hecho.
No renunciaré a mi medicina, though, pero ya no la considero una excusa para dar sentido a mi existencia. He descubierto que hay mil y una respuestas ahí fuera.
Includios vosotros, chiquillos. Que no seréis respuestas pero me ayudáis cada día: al macedonio.turco, a mi mexicanita, al sudafricano, a la armeno-italo-americana, al italo-americana, a la peruana-americana, al African Australian etc
Chicos, no suelo adress a nadie directamente, especialemte sabiendo que de todos vosotros solo una persona tendrá acceso (link) y capacidad linguística (código común-español) como para comprenderlo.
Pero aún así quería deciros: muchas gracias. No tengo muy claro si esto se puede definir como ‘el grupo, especialmetne importante en adolescentes y jóvenes, le permite sentirse integrado etc etc y demás bullshit’ o si, por el contrario (o, por añadidura) es algo que en unos años podré label, darle un nombre adecuado, fuera de estudios y de pendejadas.
Y ya, basta. Os quiero. Esas son las cosas que no se dicen porque no se pueden categorizar… vero? pues es verdad, como es verdad que yo estoy intentado encontrar algo de mi misma que se me escapa, rehuyendo mi mirada atenta y escrutadora… espero encontrarlo, aunque en esta sociedad frantic y ajetreada sea difícil pararse, observar y saborear.
Y discernir a través de las grietas de mi piel lo que sea que busque. ¿Mi capacidad de ser con independencia de otros? It might be.
O cualquier otra búsqueda igualemnte árida, casi tanto como este mail sin fin…
Oops. Post. My bad
The end.