Posteado por: tuak | Enero 11, 2010

Interlocutores…

Todos buscamos a nuestro interlocutor ideal. De hecho, todo se basa en eso, en encontrar, y ser, interlocutores. Todo depende de la cara que tienes delane de ti, en lo que esa cara te dice, en como ladea la cabeza cuando tú dices algo, en qué dice y en cómo lo dice, en cómo se mueve y en cómo un simple gesto te hace rodar de la risa y te hace querer interrumpir  al sujeto en cuestión y decir tú lo que sea que tengas que decir, porque cada palabra y cada guiño secreto te mete las ganas de intervenir, cada sílaba y cada giro de muñeca y cada mirada oblicua en el buen sentido de la palabra (:) te produce la incontenible necesidad de soltar los cien pensamientos que te han asaltado como consecuencia de algo tan simple como un interlocutor que pasa de sombra a persona aun antes de ser interlocutor, aun antes de dirigirte la palabra, y de ser tu interlocutor. Y tú el suyo.
Lo mismo pasa con los mails, uno se pone delante de la pantalla del ordenador, se muerde las uñas, frunce el entrecejo y navega durante un perido razonable de tiempo, pero las cosas no marchan (se congelan) y es incapaz de soltar más de dos palabras que formen un conjunto coherente sin parecer pastosas y provocar toses histéricas in the very person that uttered them.

Y sin embargo… sin embargo

sin embargo a veces encuentras alguien que te inspira, por la razón que sea, y os deleitais en usaros mutuamente. Y esa persona puede ser cualquiera, es solo la persona que coincidió en el momento adecuado, en el lugar adecuado, con el background adecuado. Y las risas irrumpen hasta en el cyberespacio cuando los guiños intergalácticos son solo una parte inevitable (en el buen sentido de la palabra, también en este caso) del intercambio.

No lo voy a negar, también asusta. Asusta ver qué da igual quien sea, qué al final tú eres tú y vas desperdigando lo que eres entre distintos individuos, los que, por la razón que sea, han cuadrardo en las cuadrículas de tu existencia en ese momento determinado, y te han hecho querer gritarle al universo un ciento de cosas, algunas de ellas que tenéis en común y que en ambos casos antes estaban ahí guardadas, en una cajita, porque no quedaba más que callárselas si no se quería que calleran en las manos de la incomprensión, y entonces, o bien no llegaban siquiera a pronunciarse y a airearse, o bien si lo hacían se quedaban criando polvo en un estante.

No es lo mismo cuando viene alguien y cambia la situación, dejándote patas para arriba, a ti y a tu incapacidad de permanecer callada pero no saber que decir, y soltar chorrradas una detrás de otra por matar el silencio. De repente dos personas encuentran un refugio cálido en el que pasar la marejada, un recurso cualquiera, temporal o menos temporal. A veces miras atrás y ves los otros refugios, y la distancia que te separa de ellos, y aun así no puedes evitar gritar para que te oigan, aun así no puedes evitar reafirmarte en el pasado, y pensar que volverá, bajo otra forma tal vez, en otro momento, quizá bastante lejano, pero volverá, porque hay cosas tan auténticas que ni mil años podrían cambiar… aunque lo hagan.

Y yo pienso en cómo el mundo y la vida tienen un botón de pause enorme, y nosotros somos grandes locutores retirados que juegan con los cassettes y van metiendo uno y otro en las ranuras, y a veces nos olvidamos alguna en suspenso porque estamos muy embebidos escuchando el que está puesto en la radio de al lado, y luego nos acordamos y tenemos que darle a pause, o a stop, a la que en ese preciso momento estábamos escuchando. Otras veces los cassetes, que son personas, en caso de que la metáfora no haya llegado al interlocutor adecuado, tienen la mala suerte de acabar  fuera del maquinillo, y se destruyen a la intemperie o acaban en manos de otro locutor, ya para siempre divorciadas de la radio que las acogió primero, y que las desertó después.

Ahora pienso en los casetes que escucho ahora mismo, y son más reales que nada, son cassetes que contien algo que alguien grabó en su momento, y me siento honrada por poder escuchar con tanta atención… de hecho, creo que el concepto, y therefore la metáfora, de los cassettes está un poco anticuada, más vale hablar de estaciones de radio, porque se transmiten en el moemnto y, aunque tú no las escuches, siguen avanzando indefectiblemente, que diría algún pedantente por ahí… y luego cambias y oyes… y escuchas… y si tienes varias radios ‘a tu disposicón ‘ tal vez puedas escuchar varias cadenas a la vez, pero cuantas más escuhas peor oyes, y a veces compensa ser fiel a una y acabar por comprenderla que intentar abarcar todas y dejar que los pajaritos se larguen volando y se dispersen antes de llegar en forma de ondas sonoras a tu tímpano… que puede pasar. Doy fé!

Ahora soy muy consicente de las cadenas, muy buenas por cierto, que no estoy escuchando, y también de las cadenas, muy buenas también, que sí estoy escuchando. Pero soy también consciente de las (asimismo, diría otro pedante) cadenas que me obligan a escuchar, y me frustra ese zumbido de fondo que me impide centrarme en las que me quiero centrar y no perder el tiempo en escuchar sonidos que no están hechos para mí, cadenas en las que no me gastaría un duro, a las que jamás se me ocurriría llamar…  y hacerles saber que existo, y que las estoy oyendo.

Un beso, cadenas actuales, las que yo he elegido. Sois de lo mejorcito que hay :D Pena que  no pueda abarcar más y más…  Aunque donde esté una buena canción, que se quiten mil sucedáneos de pacotilla.

un besazo!

Posteado por: tuak | Enero 11, 2010

congelada

Fue un pajarito el que me dijo que escribir te puede salvar, y otro el que me dijo que a veces no hay salvación posible y que pasito a pasito se avanza y a veces los trompicones se suceden y otras vas tan rápido que te precipitas sobre cualquier escollo que se te presenta inadvertido o ni siquiera lo ves y pasas de largo y sigues camiando y la perspectiva de pararte te aterra porque temes que si lo haces ya no podrás volver a levantarte (porque si te paras fijo que te sientas) y te quedarás anclada en el mismo sitio por siempre de los siempres y ya no habrá salida ni segundas oportunidades y solo te quedará seguir anclada en el mismo sitio repitiendo las palabras que antes se sucedían contigo, dentro de ti, que se expresaban por las palmas de las manos y se derretían nada más tocar el suelo de lo rápido que ibas. Y ahora miras alrededor, alguien te ha echado el freno, y no sabes quién. No sabes cómo ni porqué. Solo sabes que no comprendes y que el mundo tienes sus propias reglas, y tú te tienes que adaptar. Entocnes cierras los ojos con fuerza, pero cuando los abres, apenas unos nanosegundos más tarde, lo que ves es un paraje inhóspito y frío, pero bello. Y entonces sonríes porque tal vez aprender a estar parado cuando los pies te dicen CORRE y quieres volar y planear sobre la superficie redonda de la tierra en el sentido más literal de la palabra, solo te queda pararte y aprender a controlar esas anhelitos bastante incontrolables, de tanto que queman, y pararte a observar el paisaje mientras, bajo la ropa, retuerces los dedos para que se mantengan calientes y no acaben por congelarse. Y sientes las punzadas. Una. A. Una. Te van taladrando los dedos y suben por las falanges y se te quedan algo atascados en las muñecas. Poco a poco van veciendo la resistencia de la ropa, que te protege y te mantiene caliente, mantiene el calor de esos músculos jóvenes y deseosos de correr por miedo a hacerse viejos demasiado pronto. Y entonces sube poco a poco y tú sonríes mirando al amanecer, y el anochecer, y de nuevo al anochecer, porque los días se suceden uno tras otro y tú te ves confinada a un estatismo tan doloroso que quema, y al mismo tiempo ves como todo a tu alrededor empieza a colapsarse y no puedes mover ya los dedos porque la escarcha ha empezado a cubrirlos y sientes una sensación penetrante como de olor rancio, una sensación de cansancio que viene y se mete muy dentro. Y te preguntas porqué andar pensando en negativo, pero ya te estás quedando dormido, te han sorbido el calor por quedarte quieta y ya no te quedan muchos amaneceres que ver consciente, porque ya eres incapaz de mover los músculos y temes que mañana sea el último, y temes que te de igual.

Mentira.

La verdad es que te obligas a quedarte parada porque te lo impone el tiempo, y te lo imponen las circunstancias, pero no lo estás, no podrás estarlo ya nunca, y cuando lo estes no tendrás más que cerrar los ojos para recordar, y los recuerdos serás tan vívidos e intensos que harán que los abras de sopetón y te vuelvas a involucrar. En qué, poco importa, mientras no dejes que las arrugas o la conciencia del paso del tiempo acaben contigo antes de tiempo, mientras sigas gritando y mientras sigas creyendo en cosas en las que todavía no crees, con la certeza de que creerás en ellas. Y eso te tranquiliza porque todo lo que necesitas es tiempo para descubrirlas, y el tiempo es lo único que ‘te sobra’ ahora. Y eso te hace reírte del frío como una borracha al amanecer, después de una noche de marcha, ebria de alcohol y de cansancio, ebria de frío y ebria de calor, ebria de los pasitos que das lentos pero seguros, y deseosa de derrumbarte y soñar, porque para volver a caminar hace falta caer en la inconsciencia, y aunque me hayan arrastrado hasta el colchón bien cubiertito, yo mañana (varios meses más tarde de hoy) me voy a levantar.

Y voy a correr.

Más

Y más

Y masssss mas mas mas mas mas

hasta llegar a donde encuentre esas ideas en las que me tocará creeer

y cuando lo haga, cuando lo haga habré dejado ciertas inquietudes insulsas de lado, cuando lo haga ya no tendré que correr más, porque me sentaré, organizaré bien mi lugar de trabajo, y sonreiré por lo bajo, como quien tararea para sí, mientras dejo que esas ideas se conviertan en actos… y entonces mantendré las piernas quietas, y será la mejor opción, porque la habré tomado yo.

De momento tomo aire y respiro el aire frío, gelido, que me rodea, y me quemo de lo caliente que estoy, y de lo helado que está él. Y espero paciente, porque tengo la impresión de que si no lo hago, habré perdido la oportunidad de gritar y correr, y de no hacerlo más en un futuro no muy lejano…

Procastinar? no, no es eso, es algo que no puedo nombrar… todavía.

Posteado por: tuak | Noviembre 28, 2009

Where do you reckon that paradise is at? said R.

[...]

You cant tell what’s in a country like that till you’re down there in it, he said.

ALl the pretty Horses, Cormac McCarthy

Posteado por: tuak | Noviembre 9, 2009

Me siento algo frustrada. No lo puedo definir. Y no porque no lo intent,e porque juro que lo intento. Algo dentro de mí que está roto y no sé como arreglarlo, como volver a mettere tutti i pezzi insieme, to fix it.

No sé qué es. No sé qué coño es. Y no sé que hacer. Bueno, sí, lo sé. Camir, pa’ lante, un pasito y luego otro, e ir dejando que los días se escurran pero cogiendolos por los cuernos. ‘Haciendo’, párandose a reflexioanr en los intervalos. Ese tipo de cosas. Sin pensar demasiado, però. Mi raccomando. Pensar demasiado hiere, acaba hiriendo. Ahora mismo yo estoy herida ‘por’ un ‘chico’, como lo he estado toda la vida.

Solo que ahora me niego a aceptar que sea tan sencillo, que otra persona tenga tanto poder sobre mí. Ahora lo que hago es coger y mirarme al espejo y asumir que soy yo la que tiene el poder, y la que lo cede gratuitamente a cualquiera, porque, in doing so, relego la responsabilidad de mis propios sentimientos en otros.

Pero tal vez no sea tan sencillo. Uno tiene que admitir que a lo mejor no es tan todopoderoso como se creía en su momento, que tal vez su willpower tenga un límite y que tal vez no seamos más que niños que se apegan y que reculan porque ya se han quemado.

Yo tengo muchas ganas de gritar y de llorar, porque siento que camino por una cuerda floja y soy incapaz de definir adonde me llevan los pasos, que hay debajo y, lo más importante de todo, como rallo bajarme de ella.

Así que aquí sigo, colgada, volteandome de tanto en tanto, así, no más, sin ningún objetivo fijo, intentando de alguna manera saber qué es lo que hace que mi corazón esté en ese estado de perpetua alerta y desasosiego. Y lo juro que lo intento. Aunque ya lo haya jurado prima. Lo reitero. Lo intento.

Pero por mucho que mire el sunset en un spot cualquiera, por mucho que intente racionalizarlo todo, o que no lo intente, porque a lo mejor el problema es que le presto demasiada atención a lo que se me pasa por el esternón, y debería de mirar hacia otro lado e ignorarlo, que ya lo saben los viejos que el tiempo lo cura todo… o no. Tal vez eso es lo que más temo: que se lo digan a si mismos para consolarse, y que luego piengano por recuerdos que, se suponía, deberían de estar enterrados hace décadas.

Me dan un poco igual las convenciones. Cada vez que alguna tontería (tipo.. che ne so, convención social qualunque) se me pasa por la cabeza, pienso en absolutos que le resten importancia. Pienso, por ejemplo, en la cantidad de Krill que anda pululando por los océanos del mundo, y la cantidad es tan exorbitante que me aplaca el desasoseigo… al menos momentáneamente.

Tratar con las (otras) personas es casi tan complejo como tratar con uno mismo (a).

 

Este post está completamente fragmentado, mi rendo conto, pero hace tiempo que dejé de intentar de encorsetar lo que siento, lo que escribo, o como lo expreso. Hace tiempo que entendí que la forma puede contarte mucho más, enseñarte mucho más, que el contenido in se stesso.

Y si eso es cierto, entonces mi cerebro, ahora mismo, es un recipiente llendo de agujeritos por el que solo salen líneas finas de agua, chorritos, que se deslizan independients como frases coordinadas, yuxtapuesta, con poco relación entre ellos, excepto el lugar de origen… y me tengo que recordar a mí misma, no una, si no mil veces, que sí hay un cuenco intacto original, que sí hay una cantidad de agua uniforme e ‘infragmentada’, que sí puedo acceder a ella si tengo la paciencia de dejar que toda se deslice por ese filtro caótico cuyo único objetivo es filtrar las ‘impurezas’.

Sean las que sean, o lo que sean. Estas.

No tengo mucho más que decir. Tengo el corazón en un puño día y noche, y hoy me siento especialemnte lúcida. En el sentido de K: Con el tiempo, uno se da cuenta que la claridad es el acknowledge la falta de claridad. Y yo sueno poco clara, me ne sono accorta, tranquilli, no llego a esas cotas falta de self consciousness.

Y ya, lo dejo aquí, no hay nada que pueda decir, nada que pueda escribir, que vaya a cambiar como me siento. Tal vez por eso le falta de fuelle a cada letra que escribo: porque sé, por experiencia, que las cosas importantes si trovano altrove.

A veces pienso que me fragmentaré tanto que llegará un punto en el que las instantáneas que atesoro en el cerebro no las capirè neanch’io. Sul serio.

Es como cuando estoy cansada e mi viene di scrivere in italiano, en inglés y en español todo muy junto y mezclado, y soy incapaz de diferenciar donde empieza uno y donde acaba el otro, y tampoco es que lo intente too hard. Como dije una vez, renunciar al debería y mirara el es es una de las decisiones más saludables que he tomado en esta vida… te ahorra bastantes rompecabezas…

Basta. Per oggi (stassera, stanotte, whatever)

a ver si me pongo manos a la obra y me dejo de tanto corazón en vilo y de tanta trapallada (ala, gallego! el que faltaba ;) Habla la adulta aquí, el adulto que me observa y me reprocha tanta pamplina reiterativa y concomitante… y me dejo ya, ya, de tanta nonsense…

Por lo menos el cuerpo lo tengo pesado como una roca, y tal vez, quien sabe, el sueño me traiga alguna que otra respuesta… claro que, como no, tengo claro que si no me la trajo ayer, no me las traerá hoy, simplemente por el hecho de que lo que tengo que hacer, lo que tengo que fix, lo tengo que arreglar fuera del area del inconscio, y no hace falta ser demasiado avispada to come up with such a bright conclution… bueno, punto y final antes de que me salga la vena sarcastica…

buona notte, ragazzi… buona notte… sogni d’oro ;)

Posteado por: tuak | Noviembre 7, 2009

I need to shout.

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